Era casi de noche cuando acerté a ver las luces de la posada, lo que alivió mi espíritu sobremanera, ya que no me era ajeno lo peligroso de deambular en las sombras por estas tierras del norte.
Mis pies cansados agradecieron doblemente mi suerte, tanto por el abrigado calor de la chimenea como por el descanso, bien merecido, en mi largo camino hacia el burgo de Thornhill para el que aun quedaba un largo trecho, y no resultaba juicioso recorrer estos caminos ajenos sin la escasa protección que brinda la luz del sol, que no es propicia a bandoleros y gentes de mal fuste que prefieren de las tinieblas para esconder sus fechorías.
Por no mencionar los trasgos y otros espectros que son muy dados a transitar las sendas en la oscuridad para perpetrar sus males, de los que el Divino me libre por siempre.
Mientras tomaba mi sopa de carne, regada con una generosa
jarra de hidromiel se me acercó un
hombrecillo, harapiento, que nadie diría juglar o bardo más que por el rabel
que colgaba en su cinto, ajados ambos por el paso, y el peso, de mil caminos de
hambre.
Acepté su compañía, que no había otra salvo el gruñón y
esquivo posadero que antes parecía pendenciero que charlatán, más por escuchar alguna
voz, que la mía ni a renegar me dio
ocasión en todo el día, que por atender sus trovas, a las que me negué
displicente lo confieso, y que el aceptó no de buen grado, viendo como se
esfumaba la ocasión de cenar de caliente esa noche.
Me propuso a cambio contarme una, dijo, buena historia, si yo
era a bien de compartir un poco de caldo y cerveza caliente a lo que accedí de
mejor grado. Reniego de la soledad a la menor ocasión y soy curioso por
naturaleza, mal que me pese. Y así lo
hizo…
“ Hace mucho tiempo, llegó a estas tierras una dama asolada
por mal de amores, triste y compungida, que no hallaba consuelo en su pesar, atraída
por los cuentos que sobre esta tierra y el lago que la nutre se escuchaban.Era dama instruida, por lo que más bien pensó que eran patrañas que certezas lo que se decía sobre sus aguas y el ánima que las habitaba, que al parecer y decir de sus ignorantes gentes tenia la gracia de sanar su mal.
La cura consistía, así le contaron, en lanzar un guijarro y no más, en sus aguas en noche de luna clara, con el pensamiento puro y limpio del que desea bien ajeno, que el espíritu que aquí mora trastocaba en luz interior, y que al cabo de tres lunas, no más, el efecto era completo, sanando así a las almas que se acercaban con fe y humildad a sus mágicas aguas.
Niamh, que así era su nombre, esperó impaciente a la primera luna, y apenas el primer hilo de luz despuntó en la oscura noche ya se encontraba a orillas del lago, un estanque pensó, en realidad no era muy grande, orillado de juncos que brillaban a la luz del astro y tapizado de nenúfares que desaguaba en un riachuelo.
Concentró su ánima y suspirando dejo caer el guijarro desde el punto que le indicó el nigromante al que acudió como última esperanza a su incurable dolencia.
La piedra cayó en las oscuras aguas y al punto brotaron ondas que se fueron desplazando en círculos, alejándose cada vez más de donde se encontraban sus pies, y como por encanto sonaron unas notas que ascendían en tono con cada onda que se dibujaba en el estanque.
Sintió Niamh, o creyó sentir esta música a la par que el pecho se le henchía, de manera súbita y potente al principio, y poco a poco mientras se alejaban los rizos iluminados por la luna este sentir se le hacía más tibio y delicado, hasta desaparecer con el ultimo brillo dibujado en la otra orilla y en todo alrededor de la charca.
Se sintió tan dichosa que quiso probar de nuevo al ver que su placer se diluía al igual que se apagaba la música y cogió otra piedra, esta vez más grande. La soltó a sus pies esperando de nuevo la marca del espíritu y esta se produjo con más fuerza en su pecho, mientras los bucles recorrían la superficie y la música la envolvía con su halo bienhechor.
No se conformó con esto, deseosa de placeres como estaba y con ansia de redimir su pena con presteza, siguió tirando piedras que el lago devolvía con multiplicado efecto y amor en su interior.
Hasta que la sorprendió el alba, ahíta de emociones y con el
alma plena se fue a descansar, pensando en volver a la noche siguiente como así
hizo.
El lago brillaba iluminado al igual que la noche anterior, aunque las aguas iban más bajas, pensó que era el calor del verano que evaporaba los embalses, y tiró, con más presteza y ansia si cabe, cuantos guijarros pudo encontrar alrededor, tratando de buscar los más grandes que hubiera para sentir con más plenitud el gozo que le proporcionaba esta música salida de las aguas.
Se retiró borracha y extasiada, reticente a abandonar tanta dicha hasta la noche siguiente. Sin apenas notar que el nivel del agua se había reducido sobremanera.
Volvió a repetir la ceremonia, sana ya de todo mal, o eso creía,
pero anhelante de este gozo superior, y ebria de luces y música busco la
piedra más grande que pudo encontrar, la rodó hasta la orilla no sin esfuerzo y en el punto la
dejó caer , la piedra se hundió con un estruendo que replicó en mil melodías,
una orgía de sonidos que la envolvió hasta el éxtasis, tanto fue así que allí
mismo cayó desmadejada y sin sentido, sin fuerzas ya para moverse, consumida en el
delirio.El lago brillaba iluminado al igual que la noche anterior, aunque las aguas iban más bajas, pensó que era el calor del verano que evaporaba los embalses, y tiró, con más presteza y ansia si cabe, cuantos guijarros pudo encontrar alrededor, tratando de buscar los más grandes que hubiera para sentir con más plenitud el gozo que le proporcionaba esta música salida de las aguas.
Se retiró borracha y extasiada, reticente a abandonar tanta dicha hasta la noche siguiente. Sin apenas notar que el nivel del agua se había reducido sobremanera.
Despertó con un sol bien alzado en las alturas, agotada, tanto por el
esfuerzo como por el encantamiento del lago, y al abrir los ojos descubrió con
horror que éste estaba seco.
A sus pies tan sólo un montón de piedras de todos los tamaños y los nenúfares, secos ya, en el lecho ajado del estanque, ocultando algunos peces y salamandras muertas.
No sabía cuanto tiempo estuvo desvanecida en la orilla, pero todo a su alrededor estaba marchito. Así sintió su alma perdida sin la danza que la iluminó en esas noches de locura, y entonces comprendió…
Bajó dando tumbos por el talud de piedras y comenzó a
removerlas con toda la presteza que sus exiguas fuerzas le daban,escarbó, arañó, perturbada como estaba sin reparar en sus dedos sangrantes y sus uñas destrozadas, consumida de locura, apartó mil guijarros áridos y blancos como la cal
hasta que solo quedó la enorme piedra que, sin saber cómo, antes había logrado
arrastrar y lanzar a las aguas. A sus pies tan sólo un montón de piedras de todos los tamaños y los nenúfares, secos ya, en el lecho ajado del estanque, ocultando algunos peces y salamandras muertas.
No sabía cuanto tiempo estuvo desvanecida en la orilla, pero todo a su alrededor estaba marchito. Así sintió su alma perdida sin la danza que la iluminó en esas noches de locura, y entonces comprendió…
Lo intentó todo para apartarla de la pared del lago, pero el
barro seco había soldado la piedra al fondo y no pudo moverla por más que lo
quiso. Desolada y agotada se dejó caer sobre la piedra y lloró.
Lloró con un llanto inconsolable, lloró con el alma, por la
esencia del lago que ella en su codicia había apurado hasta desecarlo.Lloró un rio, lloró mares...Lloró aferrada a la piedra, sin fuerzas ya, mientras las lágrimas resbalaban por la piedra empapandola toda, tanto lloró que el barro que unía la roca con el fondo se fue ablandando, y poco a poco se tornó oscuro, con el color que toma la arcilla húmeda, y al pronto un hilillo de agua asomó desde abajo, que al poco se transformó en plateado torrente que irrumpió con fuerza tal que desplazó el enorme risco y a su afligida habitante.
Niamh, exhausta se alegró en su inconsciencia del efecto causado por sus lágrimas, sin reparar, ni poder evitarlo, en que la piedra, al rodar, había aprisionado su vestido contra el fondo, mientras el cauce, ya imparable, rugía a borbotones y lo anegaba todo a su alrededor…”
Pasé por la orilla de la charca a la mañana siguiente, en mi
camino hacia la villa, sin poder evitar echar una mirada a su ribera, todo
lucía verde y animado, y sus aguas parecían tranquilas, plácidas, como ajenas a
la historia que me relató el juglar, quien sabe si cierta o no.
Mientras me alejaba, creí escuchar entre el susurro de las
aguas al deslizarse en los juncos una música dulce… y un llanto de mujer. Ni me atrevi a mirar de donde procedia.
Me alejé presto, sin poder apartar de mi mente el
pensamiento de que cuando nos desprendemos de algo, quizás en la superficie
el cambio se diluye y alisa sus marcas poco a poco, como las ondas en un lago, pero en el fondo, para bien o para mal, ya nada
vuelve a ser igual...
Mil perdones por tomar la idea prestada de alguna forma, sobre tu pensamiento-deseo en tu blog. A ti, y a tu amiga.
No creo que este fuese el cuento que esperabas, si esperabas alguno, pero es el
que me surgió en esta noche de desvelos.Mil perdones por tomar la idea prestada de alguna forma, sobre tu pensamiento-deseo en tu blog. A ti, y a tu amiga.
Y ahora domiré feliz, o eso espero.
