domingo, junio 16, 2013

Por sus dogmas los conoceréis.



Corren malos aires estos días en Estambul, aquí, en las orillas del Bósforo donde siempre sopla una brisa fresca en verano y gélida en el duro invierno, siguiendo la ley natural que los mueve desde eras, siempre en el mismo orden y sentido, de Norte a Sur frío e imponente, y su contrario cálido y renovador. Lógica natural que el hombre adapta de manera extraña a sus propias leyes, los rojos hacia la izquierda los azules a la derecha como si de esa manera guardase el respeto debido, y perdido hace ya mucho, a sus  orígenes.

Pero esta vez, otra vez, debería decir, es diferente, ya que son vientos impuros, cargados de humo y gases de azufre, como del mismo infierno, y de llanto amargo y rabia e impotencia, de ver y no entender el puñal aferrado en mano, amiga en otros días menos grises. Pero también de fuerza y esperanza, y de unas ganas inmensas de trocar las bayonetas en flores, o en arboles de un parque que otros días estuvo lleno de risas pequeñas, y música y palabras de amor, y aliento de construir un mañana mejor para otros además de para sí mismos, y que hoy humea vergüenza en bolas de fuego, cual redentora plaga, lanzadas desde los minaretes que algunos otorgan la altura del mismo cielo.
Malditos los tiranos que son y fueron, y los que los mantienen y complacen a sabiendas por un miserable hoy, que no les llegará a mañana, y no los que los apoyan en la fomentada y consentida ignorancia de una fe intencionadamente excluyente y tan divergente de la que fue en su origen, para el provecho de unos pocos que llenan sus nidos de urracas con las cuentas de colores de sus mansas almas.

Ninguna cruz vale un muerto, ni el primero, que lo hubo y para mi ya son muchos, ni una luna vale el llanto de un niño ni el temor de una madre, cuanto menos una incompleta, como el corazón de quienes están dispuestos a defenderla a hierro y fuego, de agravios contra el que creen más débil y errado, y que ni con escolta de estrellas ni telas rojas como sangre se sustenta en el cielo.

Y sé que el viento del Sur volverá a honrar esta tierra con su cálido y anhelado abrazo. Mal que les pese.
Inshallah.

Me salté una norma no escrita de ignorar a los políticamente indecentes, pero mis razones tengo, como los que me son cercanos conocen bien.