-Y cuando en una ciudad prevalecen licencia y enfermedad, ¿no se abren entonces multitud de tribunales y dispensarios y adquieren enorme importancia la leguleyería y medicina, puesto que hasta muchos hombres libres se interesan con todo celo por ellas?
(…)
XIV - ¿Podrá, pues, haber un mejor testimonio de la mala y
viciosa educación de una ciudad que el hecho de que no ya la gente baja y
artesana, si no incluso quienes se precian de haberse educado como personas
libres, necesiten de hábiles médicos y jueces? ¿Y no te parece una vergüenza y
un claro indicio de ineducación el verse obligado, por falta de justicia en si
mismo, a recurrir a la ajena, convirtiendo así a los demás en señores y jueces
de quien acude a ellos?
(…)
- Pero no crees - seguí interrogando - que hay otra
situación más vergonzosa aún que la citada, la del que no sólo pasa la mayor
parte de su vida demandando y siendo demandado ante los tribunales, si no que
incluso es inducido por su mal gusto a jactarse de esta misma circunstancia, y
hace alarde de su habilidad para delinquir y su capacidad para dar toda clase
de rodeos, recorrer todos los caminos y escapar doblándose como el mimbre con
tal de no sufrir su castigo, y eso en asuntos de poca o ninguna monta, sin
comprender cuanto mejor y más decoroso es disponer la vida de cada uno de
manera que no necesite para nada de la intervención de un juez somnoliento?
(Platón. – La república. )
Y me pregunto, que diría Platón si viese los telediarios?




