sábado, noviembre 30, 2013

Cuentos de ayer, hoy... y siempre?



-Y cuando en una ciudad prevalecen licencia y enfermedad, ¿no se abren entonces multitud de tribunales y dispensarios y adquieren enorme importancia la leguleyería y medicina, puesto  que hasta muchos hombres libres se interesan con todo celo por ellas?
(…)
XIV - ¿Podrá, pues, haber un mejor testimonio de la mala y viciosa educación de una ciudad que el hecho de que no ya la gente baja y artesana, si no incluso quienes se precian de haberse educado como personas libres, necesiten de hábiles médicos y jueces? ¿Y no te parece una vergüenza y un claro indicio de ineducación el verse obligado, por falta de justicia en si mismo, a recurrir a la ajena, convirtiendo así a los demás en señores y jueces de quien acude a ellos?
(…)
- Pero no crees - seguí interrogando - que hay otra situación más vergonzosa aún que la citada, la del que no sólo pasa la mayor parte de su vida demandando y siendo demandado ante los tribunales, si no que incluso es inducido por su mal gusto a jactarse de esta misma circunstancia, y hace alarde de su habilidad para delinquir y su capacidad para dar toda clase de rodeos, recorrer todos los caminos y escapar doblándose como el mimbre con tal de no sufrir su castigo, y eso en asuntos de poca o ninguna monta, sin comprender cuanto mejor y más decoroso es disponer la vida de cada uno de manera que no necesite para nada de la intervención de un juez somnoliento?

(Platón. – La república. )


Y me pregunto, que diría Platón si viese los telediarios?

jueves, noviembre 21, 2013

Adivinanza.



Arruinar un Madrid no fue bastante
en olímpicas obras y oropeles
que el pueblo no se duerma en los laureles
dura lección, gestor sin contrincante.

Como premio, cartera, bien repleta
de leyes, emulando al buen caudillo
más papista que el papa (que es rojillo)
gallardo sin el Don, con bayoneta.

Ajusticiar con tasas la justicia
abortar el aborto, tomen nota
quien no lo sepa ver, es por presbicia

que esconde las navajas en la bota
que es lobo, y no cordero, en su avaricia
disfrazado con plumas de gaviota.



Foto: web. Autor :desconocido.

miércoles, noviembre 20, 2013

Huellas.



Nunca me gustó la frase “Un clavo saca otro clavo” que a menudo se usa para tratar de aliviar la pena de alguien cuando es abandonado por su pareja.
Por muy loable que sea la intención de quien las pronuncia, estas palabras arrastran una imperiosa necesidad de olvido que no encaja con mi manera de entender una relación a dos.
Olvidar las huellas que otros nos dejan no sólo es difícil, en muchos casos imposible, si no que además es también un ejercicio de autodestrucción imperdonable.

Es como tratar de arrancar las ramas al árbol para que sane, mermando la experiencia vivída, que si fue buena se ganó por derecho ese rincón, y si fue mala, el tiempo debería cerrar las cicatrices a su compás. Mejor tratar de acomodar las grietas donde mejor estén, que el vaivén de los pasos vaya asentando los restos, sin removerlos, que no saltar a la desesperada buscando quien se ajuste, palmo arriba palmo abajo, al socavón reciente, y tratar de borrar de un manotazo la lección que nos dejó.
Si alguien es capaz por mérito propio de abrir un espacio en otro ser, que permita en su ausencia ser recordado, como un vacío, como una luz, como cada uno quiera verlo, tan grande o menudo como decida, no cabe más que respetar la elección, ya que el juicio de apreciar ausencias ajenas no depende de uno mismo si no que es el otro quien únicamente tiene el derecho a  otorgarle ese valor ¿ y quien entre vosotros, honestamente, no quisiera sentirse así tratado incluso en la ausencia?

Que un corazón tiene espacio para tanto que no caben cuitas ni reyertas, ni andarse con apreturas, ni tirar de tenazas para pretender, sin éxito, arrancar de cuajo esas tachuelas sin padecer un mal mayor que el ya sufrido.

Y así aprendí a caminar con cuidado para no pisar los hoyos que otros dejaron, que si están ahí será por que lo merecieron, respetando el pensamiento de quien tengo enfrente, esperando, más bien deseando, que ocurra lo mismo con los míos, si alguna vez dejo huella suficiente en piel ajena.
Y no quisiera verme como mercancía de cambio, tratando de rellenar huecos hechos por y para otra piel, como un remedo ortopédico que trate de paliar esa carencia, esa ausencia, si no como quien ocupa un espacio genuino, hecho a mi medida, por y para mi exclusivamente.

Mejor acomodarse en tus propias zapatillas, que oprimirse en zapato de cristal ajeno.

domingo, noviembre 17, 2013

La delgada linea roja.



Todos tenemos un punto de inflexión, un marco invisible aunque explícito en muchos casos por el que no permitimos que crucen otros. En cualquier tipo de relación, sea de amistad, sentimental o sexual nos gusta mantener ese espacio íntimo, en el que nos definimos como personas y que de verse atravesado nos hace sentirnos agredidos de alguna forma.
Cada quien escoge el nivel  de aceptación hacia los otros, el límite de permisividad consciente al que estamos dispuestos a llegar sin que ello nos suponga algún tipo de humillación, vejación, menosprecio o simplemente decepción, y el resto deberíamos entenderlo como tal.
Hay quien tiene el recorrido corto, a mi modo de ver, y permite pocas maniobras. Personas con el orgullo a flor de piel, que saltan como un resorte a la primera impresión de acercamiento a esas lindes prohibidas. Suelen tener un comportamiento voluble, de difícil trato y peores expectativas de relacionarse a cualquier nivel como personas.
Otros lo tienen demasiado largo, y bien sea por necesidad de aprecio, baja autoestima o motivos paralelos se dejan avasallar en demasía consiguiendo las más de las veces el efecto contrario al que persiguen, siendo tomados por idiotas por la mayoría de gente que los trata.
Como sea, todos decidimos nuestros límites de manera consciente o no, y es bueno conocer los de quien tenemos enfrente, a fin de evitar males no deseados o choques imprevistos.
La miga está en saber cuales son en las personas que nos interesa tratar, y esto, aunque la base puede conocerse de manera empírica por razones simples de comportamiento, sólo sucede cuando intentamos cruzar esa puerta incluso por descuido.
Según se manifieste la reacción, y comparándolo con la respuesta hacia otras personas, sabremos hasta que punto tenemos licencia, paso franco en este desliz provocado o no, o simplemente salvamos la partida por los pelos.  Ya que del mismo modo que marcamos esa línea, no la disponemos de igual manera para todo aquel que se acerque a su orilla.
Y esa medida es la que nos dice si somos queridos y aceptados igual o más que otros en la misma situación.
Pero la norma básica e inquebrantable es que por mucho que te permitan acercarte, nunca se debe cruzar esa línea si apreciamos lo que el otro significa para nosotros.
Lo difícil, y a veces apasionante, es estar lo bastante cerca y con los sentidos alerta para saber valorarla y permitir de este modo que todo siga fluyendo en una relación entre iguales, con absoluta libertad y respeto.


Paradójicamente, esta foto es una pose robada, que espero no moleste a nadie en particular :).
Manias de elfo, pero ya me estoy curando, palabra.

viernes, noviembre 01, 2013

Tranquilo, no te dolerá apenas.



Ocurre que a veces, uno se levanta con esa extraña sensación, tan difícil de describir, de que hay algo que no está bien.  Que el día aparece apagado aunque luzca el sol, que ves gatos negros en todos lados ( aunque yo no soy supersticioso, que eso da mala suerte ), amanecer barruntando el palo entre las ruedas.
Esto puede ocurrir por motivos diversos.
Quien no se ha despertado padeciendo, palpitando la sospecha de que algo le ha ocurrido a un ser cercano, no necesariamente en la distancia si no en el apego.
Aunque esto suele venir precedido de ensoñaciones o fuertes pensamientos hacia esa persona. O así lo he vivido yo.
En este caso va de viajes, que también se prestan, al menos en mi caso con cierta frecuencia, a mantener el nivel de tensión interna algo más elevada de lo necesario. Máxime si el viaje promete encuentros y reencuentros anhelados.
Por mi experiencia en volar, de manera artificial hablo, en avión, vamos, y no de esa otra manera dulce, de volar a dos, ya conozco bien que las cartas a veces vienen mal dadas.
Y te quedas en tierra por problemas mecánicos ó técnicos.
Contra los elementos no se puede luchar, o al menos no conmigo en el pasaje si puedo elegir, pero el día lució espléndido  en Valencia así que el caso fue otro distinto.
Algo que tiene más que ver con políticas de gestión del oro, aunque sea a costa de la ingestión de alguna que otra alma. Este curioso fenómeno se llama:   “Overbooking”
·         “ El overbooking se produce cuando la compañía aérea ha vendido más plazas de las que dispone el avión. Debes saber que es una práctica comercial legal, que está regulada en la Unión Europea, y que en caso de que te afecte en un vuelo tienes una serie de derechos que las compañías deben cumplir”
·         Citado de consumoresponde.es
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Unos cuantos carneros fuera, para que la aerolínea se vaya completa y justifique los yates y villas de sus prebostes ante los accionistas, que probablemente tengan jet privado y no les incordien estos pequeños detalles. Jodidos por y para las máquinas, así andamos también en estos cielos. 
Y así son las cosas, y quizás por eso lo de los nubarrones matinales.
Y mientras regresaba, en el tren se me ocurrió que podría escribir un libro, lo pensaba titular :

" El overbukin y la madre que lo parió.!

Tambien me rondaba; " Líbreme el altísimo de las prácticas comerciales ilegales, teniendo estas como buenas. “ Pero era muy largo.

Tan largo como fue el día.