jueves, mayo 02, 2019

Señora.




Aun no siendo del club de los creyentes,
ni temiendo a las llamas del averno
me estremecí por ver que el propio infierno
se cebaba en tus muros imponentes.

Pero aguantaron bien tus arbotantes
señora de París entre riberas
y aliviados mis ojos concibieran
que el fuego abrasador no fue bastante.

Hoy gárgolas lloran en las cornisas,
Quasimodo expectante tras la puerta,
el órgano aun no dio la última nota.

Trágate Lucifer tus fieras risas
herida sí, mas no la deis por muerta
que ni el terrible Hades la derrota.