Llueve, de nuevo, como tantas otras veces, esta lluvia
siempre igual y siempre distinta que se empeña en disipar los colores, en
emborronar cualquier atisbo de luz, tiñendo de gris los cristales, sus gotas se
aferran tercamente por un instante antes de deslizarse en un zig-zag sin
control aparente, se van unas pero llegan otras, quizás las mismas (quien sabe)
que ocupan el espacio apenas abierto un instante a la esperanza, al anhelo de
que sean las últimas, pero no, llueve, sigue lloviendo, siempre vuelven, como
un caleidoscopio de sombras que repite mil veces una imagen distorsionada en
blanco y negro, mismo origen distinto reflejo.
La ilusión actúa como un
limpiaparabrisas, mecanismo que alivia por un instante esta invasión rítmica,
sincopada, este repiqueteo inclemente y cruel,
pero que nunca logra limpiar del
todo, siempre hay zonas muertas en el cristal, rincones donde no llega su brazo
ni su intención, y allí se aferran con más fuerza, incluso permanecen cuando ya
no vienen otras a reforzar la constante invasión que lo inunda todo aunque al
frente todo está despejado por un momento.
Algunas veces llega para limpiar el vidrio,
opaco del polvo de otros días, de otros años en los que no hubo lluvia pero
fueron descoloridos también, mostrando el espejismo de una ciudad que se mueve
con pasos agitados, frenéticos algunos, sin dirección todos, como si quisieran
escapar a lo ineludible.
Los portales y balcones sólo son un refugio temporal,
el hoyo donde esconde la cabeza el avestruz, donde soñar un instante en que
todo va a cambiar, también me aferro a este pensamiento, último cartucho antes
de quemar las naves que la razón, su ser, me hace mantener a flote, pero sin
rumbo fijo, arrastrado por la corriente, siempre al pairo anhelando esa brisa
que a veces llega, a veces oscuro el pelo (vendaval) a veces la mirada, de
manos tibias y anhelado abrazo, pero brisa al fin, que baila las gotas, y las
margina a los lados sin saber muy bien si es ella quien las despide
apartándolas o mi propio movimiento, mi inercia hacia adelante tratando de
buscarla.
Quiero creer que habrá más días con aire que con agua, soñar es
gratis dicen, pero hoy llovió de nuevo, mientras tanto, fuera, lucía un sol
burlón, en exceso para estos días de invierno. Aun así hoy quiero pensar que
tras la lluvia siempre asoma un rayo de luz. A veces un simple punto, levemente
visible, pero suficiente, como el faro entre la tempestad que me dice en un
susurro apenas audible pero claro que la lluvia es una circunstancia necesaria
para que entienda, para que aprenda, a apreciar la belleza del sol y del arcoíris
que llega de su mano.

No hay comentarios:
Publicar un comentario