jueves, diciembre 27, 2012

Llueve



Llueve, de nuevo, como tantas otras veces, esta lluvia siempre igual y siempre distinta que se empeña en disipar los colores, en emborronar cualquier atisbo de luz, tiñendo de gris los cristales, sus gotas se aferran tercamente por un instante antes de deslizarse en un zig-zag sin control aparente, se van unas pero llegan otras, quizás las mismas (quien sabe) que ocupan el espacio apenas abierto un instante a la esperanza, al anhelo de que sean las últimas, pero no, llueve, sigue lloviendo, siempre vuelven, como un caleidoscopio de sombras que repite mil veces una imagen distorsionada en blanco y negro, mismo origen distinto reflejo.
La ilusión actúa como un limpiaparabrisas, mecanismo que alivia por un instante esta invasión rítmica, sincopada, este repiqueteo inclemente y cruel,  pero que  nunca logra limpiar del todo, siempre hay zonas muertas en el cristal, rincones donde no llega su brazo ni su intención, y allí se aferran con más fuerza, incluso permanecen cuando ya no vienen otras a reforzar la constante invasión que lo inunda todo aunque al frente todo está despejado por un momento. 
Algunas veces llega para limpiar el vidrio, opaco del polvo de otros días, de otros años en los que no hubo lluvia pero fueron descoloridos también, mostrando el espejismo de una ciudad que se mueve con pasos agitados, frenéticos algunos, sin dirección todos, como si quisieran escapar a lo ineludible.
Los portales y balcones sólo son un refugio temporal, el hoyo donde esconde la cabeza el avestruz, donde soñar un instante en que todo va a cambiar, también me aferro a este pensamiento, último cartucho antes de quemar las naves que la razón, su ser, me hace mantener a flote, pero sin rumbo fijo, arrastrado por la corriente, siempre al pairo anhelando esa brisa que a veces llega, a veces oscuro el pelo (vendaval) a veces la mirada, de manos tibias y anhelado abrazo, pero brisa al fin, que baila las gotas, y las margina a los lados sin saber muy bien si es ella quien las despide apartándolas o mi propio movimiento, mi inercia hacia adelante tratando de buscarla.
Quiero creer que habrá más días con aire que con agua, soñar es gratis dicen, pero hoy llovió de nuevo, mientras tanto, fuera, lucía un sol burlón, en exceso para estos días de invierno. Aun así hoy quiero pensar que tras la lluvia siempre asoma un rayo de luz. A veces un simple punto, levemente visible, pero suficiente, como el faro entre la tempestad que me dice en un susurro apenas audible pero claro que la lluvia es una circunstancia necesaria para que entienda, para que aprenda, a apreciar la belleza del sol y del arcoíris que llega de su mano.



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