Nunca me gustó la frase “Un clavo saca otro clavo” que a menudo se usa para tratar de aliviar la pena de alguien cuando es abandonado por su pareja.
Por muy loable que sea la intención de quien las pronuncia,
estas palabras arrastran una imperiosa necesidad de olvido que no encaja con mi
manera de entender una relación a dos.
Olvidar las huellas que otros nos dejan no sólo es difícil,
en muchos casos imposible, si no que además es también un ejercicio de
autodestrucción imperdonable.
Es como tratar de arrancar las ramas al árbol para que sane,
mermando la experiencia vivída, que si fue buena se ganó por derecho ese
rincón, y si fue mala, el tiempo debería cerrar las cicatrices a su compás.
Mejor tratar de acomodar las grietas donde mejor estén, que el vaivén de los
pasos vaya asentando los restos, sin removerlos, que no saltar a la desesperada
buscando quien se ajuste, palmo arriba palmo abajo, al socavón reciente, y tratar
de borrar de un manotazo la lección que nos dejó.
Si alguien es capaz por mérito propio de abrir un espacio en
otro ser, que permita en su ausencia ser recordado, como un vacío, como una
luz, como cada uno quiera verlo, tan grande o menudo como decida, no cabe más
que respetar la elección, ya que el juicio de apreciar ausencias ajenas no
depende de uno mismo si no que es el otro quien únicamente tiene el derecho a otorgarle ese valor ¿ y quien entre vosotros,
honestamente, no quisiera sentirse así tratado incluso en la ausencia? Que un corazón tiene espacio para tanto que no caben cuitas ni reyertas, ni andarse con apreturas, ni tirar de tenazas para pretender, sin éxito, arrancar de cuajo esas tachuelas sin padecer un mal mayor que el ya sufrido.
Y así aprendí a caminar con cuidado para no pisar los hoyos
que otros dejaron, que si están ahí será por que lo merecieron, respetando el
pensamiento de quien tengo enfrente, esperando, más bien deseando, que ocurra lo
mismo con los míos, si alguna vez dejo huella suficiente en piel ajena.
Y no quisiera verme como mercancía de cambio, tratando de
rellenar huecos hechos por y para otra piel, como un remedo ortopédico que
trate de paliar esa carencia, esa ausencia, si no como quien ocupa un espacio
genuino, hecho a mi medida, por y para mi exclusivamente.
Mejor acomodarse en tus propias zapatillas, que oprimirse en
zapato de cristal ajeno.

4 comentarios:
Habitarás el libro de las memorias! Aunque sea entre las notas de los conjuros y pócimas de una bruja. :)
Una grata sorpresa verte por aquí.
Incluso entre páginas de hechizos se puede encontrar la dicha.
Bienvenida!
bonito zapato de cristalllllllllllll
Publicar un comentario