domingo, noviembre 17, 2013

La delgada linea roja.



Todos tenemos un punto de inflexión, un marco invisible aunque explícito en muchos casos por el que no permitimos que crucen otros. En cualquier tipo de relación, sea de amistad, sentimental o sexual nos gusta mantener ese espacio íntimo, en el que nos definimos como personas y que de verse atravesado nos hace sentirnos agredidos de alguna forma.
Cada quien escoge el nivel  de aceptación hacia los otros, el límite de permisividad consciente al que estamos dispuestos a llegar sin que ello nos suponga algún tipo de humillación, vejación, menosprecio o simplemente decepción, y el resto deberíamos entenderlo como tal.
Hay quien tiene el recorrido corto, a mi modo de ver, y permite pocas maniobras. Personas con el orgullo a flor de piel, que saltan como un resorte a la primera impresión de acercamiento a esas lindes prohibidas. Suelen tener un comportamiento voluble, de difícil trato y peores expectativas de relacionarse a cualquier nivel como personas.
Otros lo tienen demasiado largo, y bien sea por necesidad de aprecio, baja autoestima o motivos paralelos se dejan avasallar en demasía consiguiendo las más de las veces el efecto contrario al que persiguen, siendo tomados por idiotas por la mayoría de gente que los trata.
Como sea, todos decidimos nuestros límites de manera consciente o no, y es bueno conocer los de quien tenemos enfrente, a fin de evitar males no deseados o choques imprevistos.
La miga está en saber cuales son en las personas que nos interesa tratar, y esto, aunque la base puede conocerse de manera empírica por razones simples de comportamiento, sólo sucede cuando intentamos cruzar esa puerta incluso por descuido.
Según se manifieste la reacción, y comparándolo con la respuesta hacia otras personas, sabremos hasta que punto tenemos licencia, paso franco en este desliz provocado o no, o simplemente salvamos la partida por los pelos.  Ya que del mismo modo que marcamos esa línea, no la disponemos de igual manera para todo aquel que se acerque a su orilla.
Y esa medida es la que nos dice si somos queridos y aceptados igual o más que otros en la misma situación.
Pero la norma básica e inquebrantable es que por mucho que te permitan acercarte, nunca se debe cruzar esa línea si apreciamos lo que el otro significa para nosotros.
Lo difícil, y a veces apasionante, es estar lo bastante cerca y con los sentidos alerta para saber valorarla y permitir de este modo que todo siga fluyendo en una relación entre iguales, con absoluta libertad y respeto.


Paradójicamente, esta foto es una pose robada, que espero no moleste a nadie en particular :).
Manias de elfo, pero ya me estoy curando, palabra.

2 comentarios:

Murgan dijo...

Me gustó tu texto y tu toma robada. No tan robada, si la modelo conoce tu intención en el disparador, y posa con disimulo.

Imágenes cruzadas las nuestras de hoy. Seguro que sabrás encontrarte en la mía...

Y en cuestión de líneas rojas, espero no andar en los extremos, aunque el reloj venga jugándome en contra demasiado tiempo ya. La convergencia siempre es posible si ese respeto del que hablas camina de la mano de unas ganas manifiestas por entenderse. Y camina... Te lo digo yo.

Abrazo sin límites. :)

elfo gris dijo...

No deja de resultarme, cuando menos curiosa esta asincronía temporal en lo físico frente a esta sintonía en lo mental, y no sólo por la coincidencia de hoy. Pero no quisiera sacrificar la segunda, por necesaria, para que la primera se atemperase con más frecuencia, aunque sea un fuerte deseo.
Te puedo asegurar que no andas ni de cerca en alguno de los extremos, sí en alguno de los centros, esos puntos de apoyo necesarios para no tambalear.
Tus palabras son siempre bienvenidas en esta cueva Murgan así como tus miradas que se dan con mas frecuencia, incluso si las despistas como en la pose.
Si es que tienes arte hasta para disimular :)