domingo, marzo 30, 2014

Cifras como espinas.



49…
49 pasos dirigidos a ninguna parte.
49 tropezones en estas botas de cordones trabados.
49 abrazos perdidos, 49 suspiros, algunos menos “te quiero”.
49 latidos de un corazón magro que chirria sin la crema de tus besos.
49 silencios incómodos, otros tantos gruñidos bajo el agua.
49 muescas en el cañón de un revolver olvidado en el arcón.
49 rayas de tiza en grupos de a cinco en esta celda sin rejas ni paredes.
49 latigazos a espalda desnuda, sin bálsamos ni sacramentos.
49 tic-tac en las manecillas de este minutero implacable.
49 primaveras, con sus 48 inviernos, algunos largos y grises, otros ligeros y cálidos, tanto que apenas parecieron.
49 estrellas en mi cielo y tan sólo una luna, tan nueva que apenas es cuarto creciente, pero de luz tan intensa que aparece llena en mi cosmos.

Y me vale.

miércoles, marzo 26, 2014

En tierra de hombres



Corre la noticia estos días, de que en un país lejano, más allá de los límites de la Tierra Media, llamado I-spn-ya o España como se le conoce en su lengua propia, murió un gran hombre, a decir de los que le conocieron, según me contó el bardo que pasó por estos pagos no hace tanto.

Al funeral de Estado acudieron todas las personalidades que en ese reino son, muy afligidos y mostrando gran pesar en sus rostros todos ellos. Enterrado con honores de gran guerrero como al parecer lo fue, según el trovador que anduvo muchas fechas por esas tierras extrañas.

Dicen que enfrentó valientemente a sus enemigos en no pocas ocasiones saliendo victorioso en muchas de ellas, cosa de no poco valor en una tierra fratricida y belicosa, y que finalmente acabó traicionado por los suyos, que ambicionaban el poder y las riquezas que eso supone en tierras gobernadas por los hombres, y acabó sus días olvidado por todos, tanto amigos, si aun tenía, como enemigos, sin duda de estos si le quedarían dado el carácter resentido de esta raza hermana.

Sin poner en duda la valía de tal personaje, no deja de sorprenderme la actitud de los hombres ante la muerte, siendo como es tránsito inevitable a su propia condición.

Para los elfos que sólo morimos a causa de una gran pena, o de manera trágica si algún otro nos arrebata la vida, la muerte es cosa extraordinaria salvo en las desgraciadas épocas de las grandes batallas, lejanas por fortuna en el transcurrir del tiempo. Y se puede entender la desdicha al conocer la pérdida de cualquiera de nuestros hermanos.

En cambio entre los hombres, sabedores del castigo infligido por el Único en los albores del mundo a su gran falta, resulta incongruente su reacción a este devenir ligado a su naturaleza.
Y no es que no comprenda la pesadumbre que provoca la ausencia de un ser querido, igual en ellos que entre nosotros. Es más bien el proceder colectivo el que me asombra en estos casos.

Pareciera que en la muerte todos se igualen, ignorantes muchos de que la muerte es sólo un comienzo a la verdadera vida que les fue otorgada. (Y no seré yo quien trate de hacerles ver la verdad). Así en la muerte el indigno se iguala con el honesto, el cobarde con el bravo, el ignorante con el sabio. Y tan sólo en los casos en que la vida les es arrebatada en nombre de la justicia por sus mismos congéneres se les evitan este tipo de eventos públicos y se les niega el llanto común y compartido.

Tanto es así que en muchos casos se han honrado a crueles dictadores y asesinos como si hubieran sido hombres de grandes logros para su género y en otros, los más, mueren solitarios y olvidados los que merecían mil veces más elogios que cualquiera de estos acaparadores de poder, riquezas e injusticias por igual para con los suyos.
Debe ser que su estancia pasajera en esta tierra les hace olvidar a veces quien fue bueno y quien ruín, quien fue leal hasta el fin y quien traicionó la fe puesta en él por otros en algún momento. El que se entregó sin reparos o quien medró con engaños a fin de conseguir sus propósitos en su breve existencia sin reparar en cuanto mal generaba en uno o en ciento.

Y no concibo justicia alguna en esa compasión final, en ese acto figurado a veces, que más parece muestra de caridad a sabiendas de que no volverán a hacer mal ninguno, o que no se les volverá a ver a pesar de todo, que verdadera aflicción.

Una muestra más de la hipocresía en que viven enredados, ciegos tal vez por la premura de su abandono de lo que ellos llaman existencia.

Extraña raza la de los hombres. Pero como dijo Elrond el grande: “No trates de entenderlos, sólo ámalos y muestrales respeto.”

Y en esas ando, aunque me cuesta en algunos casos.

“Y todo aquel que fuere honesto y cabal entre los hombres tendrá un lugar en las blancas naves que parten de Válinor y entre los elfos hermanos hasta el fin de los días”
-D.E.P