domingo, septiembre 22, 2013

X



Se masca mal la soledad a solas.
Más tarde la masticas que te muerde
Se rumia en seco este vil ganapierde
En que vencer es ahogarte en sus olas

No es trago de admirar, sírvase fría
Y ponle un par de hieles, en las rocas
Y a todo aquel que quiera, un par de copas
Que esta ronda se corre a cuenta mía

Ya probé  tu vinagre y tu miel
Y tus luces y sombras con derroche
Maldita  compañera, siempre fiel

Libérame de ti sin más reproche
Libre soy porque hoy es otra piel
 la que busco en solitarias noches

martes, septiembre 17, 2013

Vida, como papel.



" En materia de patrimonio biológico, la menor innovación es, al parecer, ruinosa. La vida, conservadora, sólo se desarrolla gracias a la repetición, al cliché, a la ramplonería. Todo lo contrario del arte"   ( Emile M. Cioran - Ese maldito yo- )

De pequeño siempre me atrajo dibujar, coger un papel en blanco y ver como se iba iluminando de colores, u oscureciendo de negros y grises me fascinaba, y me llenaba de satisfacción y, por qué no decirlo, de un pequeño y excitante poso de orgullo en mi menudo cuerpo.
La gente de mi entorno, hasta donde recuerdo ignorantes de los deleites del arte, de cualquier tipo de manifestación de este, pues bastante tenían los unos con procurar el caldo diario y con conseguir evadir el duermevela del conserje y escaparse del colegio los otros, decían que se me daba bien, que “tenia mano” mientras yo me entretenía tratando de plasmar con la mayor veracidad posible escenas y personajes copiados de cualquier pedazo de papel que tuviese impresa una imagen. Y como disfrutaba con ello!

Nunca conseguí conformar esa inquietud con suficiente firmeza más que para unos pocos buenos ratos, por diversos motivos que no contaré esta vez y que darían para más de un post.
Ni sé donde quedó aquel niño inquieto y curioso que disfrutaba como un loco con un lápiz en las manos, y al que añoro entre otras cosas por esto mismo, aunque no debe andar demasiado lejos pues sigo sintiéndolo arañar de vez en cuando, blandas las uñas las más de las veces.

Pero sí que aprendí con el tiempo a disfrutar del arte en diversas formas en la medida de mi capacidad intelectual y de lo que las entrañas me iban dictando, y he tenido la dicha de compartir  experiencias en este campo, excitantes algunas, inolvidables otras, impagables todas, y de escuchar de cerca voces duchas en materia, y de ver a través de ojos (preciosos los tuyos) que saben mirar y que ven donde mi acérrima miopía apenas alcanza a vislumbrar.
Y esto me llena, aunque no sin cierta envidia, al ver que aquellos pulsos los viven otros con una intensidad cuanto menos pareja a la que yo recuerdo en mi infancia y algún tiempo más acá. Y nace una mueca entre la felicidad y la desazón que no siempre sé donde encajar.
Por que veo que era bueno el tocón elegido, y lo sigue siendo, roma la punta ya, eso sí, del buril que lo desbasta a ratos.

Y a veces sueño que llegará el momento, MI momento y que esta ajada esencia que me alienta dispondrá cuerpo y mente, con permiso de los dioses, alineados en la consecución de tan dichoso propósito.

Aunque ya no sé si soy yo o aquel elfillo revoltoso que fui, quien invade mis noches y sueña por mi. 

miércoles, septiembre 11, 2013

...como se quiere a un gato.



No deja de ser paradójico el hecho de que lo que nos atrae de una persona pueda llegar a ser lo que nos aleje de ella.
Y no es sencillo luchar contra los atavismos de una educación machista y retrógrada, ni contra el griterío de una sociedad que nos impone roles que acabamos asumiendo como normales y que a la postre nos impiden entender una relación de manera libre y satisfactoria.
Libertad, palabra estéril cuando se usa sin el juicio suficiente, sin la concepción plena de saber lo que significa ser libre en toda su amplitud y, sobre todo, de aceptar y permitir que los demás también lo sean, libertad para escucharte o no, para abrazar, libertad para juzgar, para susurrar ven, para decir adiós.
Libertad para elegir sus actos, sin la intención de daño, s'il vous plait,  aunque nos duela.
Con el tiempo he ido aprendiendo, asumiendo la convicción, de que nos entregamos cuando somos libres de pensamiento y obra, solo en esa condición  existe el amor real y no un sucedáneo almibarado, un cariño basado en la costumbre.
Y abrasa más un solo beso en libertad que mil caricias pagadas a fuerza de maniatar la voluntad por complacer al otro.
Y perdura, ya lo creo que sí!
Lucho contra esa visión pacata de la vida y del amor que decía al principio, con la esperanza de ganar y con la certeza de que sólo de esta manera podré disfrutar plenamente de otro ser.
Y es ese ser libre el que deseo. 
Y ese alma desnuda y descarnada, y disfrutar en plenitud, en libertad, de cualquier encuentro, por menudo que sea. Con un único y claro propósito, que tras la partida, tras el regreso a la cueva, nos invada con avidez ferviente y limpia, la necesidad imperiosa de repetir el encuentro, de volver a buscarnos y encontrarnos de nuevo. Sin más.

domingo, septiembre 08, 2013

Navegar sin brújula



Que no todos servimos para todo de igual manera, aparte de una perogrullada, es una gran verdad.
Si tuve claro algo en mis primeras nociones de conciencia fue saber de mis limitaciones en asuntos que me interesaban .
Puede pensarse que es una forma de restringirse poco productiva en lo personal, incluso malsana, aunque también se puede ver desde la óptica de que conociendo tus defectos, asumiendo plenamente los condicionantes se tiene más claro que es lo que te falta para llegar a donde quieres, y así poder establecer una meta, un objetivo, de manera más directa.
Y aquí está el problema, el quid de la cuestión, la esencia de estos sinsabores o fracasos, y también, por qué no decirlo, de algunas mellas amables e imborrables en esta carcasa curtida por tantos inviernos.
Los elfos somos, por definición, esquivos y solitarios, apenas nos dejamos ver entre otros, y solo nos sentimos a gusto y por momentos con gente de igual condición, y, por tanto, difíciles de encontrar tanto como uno mismo. De ahí que proponerse un ideal distinto del elegido sea, como poco, una tarea ardua, que no todos estamos dispuestos a acometer.
A veces es mejor navegar al pairo, arriadas las velas y los remos aclarados, dejándose arrastrar por la corriente, disfrutando, eso sí, el paisaje cercano y los gestos amigos de quien se cruza, por coincidencia (hasta los astros se alinean en ocasiones) en este devenir, más que el buscar varaderos donde atracar atraídos por la presencia de otras naves, de luces llamativas y músicas hipnóticas como canto de sirenas.
Este dejarse llevar no siempre es la mejor manera de recorrer este rio, ni la más segura. A veces hay corrientes que te alejan de una orilla amistosa y deseada, rocas con aristas como sables, remolinos y rápidos espumosos entre gargantas oscuras, así que no es por una meditada economía en el gasto, ni por concepción cobarde de la vida, más bien como una elección, puede que inevitable e inherente tal vez a la condición de elfo.
Pero conociendo esto quizás se disfrutan mucho más las lagunas tranquilas donde a veces voy a desembocar, los meandros de arco suave y vegetación frondosa y atrayente en cada curva, la otra cara de esta dualidad.  Y pueblos distintos donde orillar la barca y compartir de manera natural, y no forzada, el pan del camino y unas risas regadas en hidromiel. Remansos que te abrazan con sonrisa amistosa y te dejan partir con la misma buena voluntad.
Es explorar el río, y no embocar el estuario lo que te enriquece, y el navegar, deprisa o despacio pero siempre adelante lo que mantiene la esencia vital. Así que en este otoño a veces jaspeado de primaveras lo único que pido a la naturaleza es la pizca de orgullo y lucidez necesarios para saber cuando estoy de más en un lugar, de cuando mi presencia ya no es grata. Y el coraje suficiente para soltar amarras.

Del resto, la balsa y la corriente se van encargando.

lunes, septiembre 02, 2013

Los aeropuertos están llenos de monstruos.



Unos se deleitan apresando los enormes pájaros, algunas veces blancos algunas de colores, que se acercan a reposar sus atoradas alas en tierra. Allí los esperan, agazapados, con un mimetismo despiadado con el entorno de estructuras de metal, de  cables y cemento, de rincones umbríos y luces cegadoras.
Suelen esconderse en hangares lóbregos esperando su oportunidad, algunos ya se atreven a salir a plena luz, hoy acerté a ver uno, y lanzar su terrible dentellada, poderosa y certera, y una vez los apresan pasan a engullir vorazmente a los pequeños seres que se apresuran a salir despavoridos tratando de escapar, de dejar atrás el ave herida, huyendo del miedo sin ver que corren directos a sus fauces.
Apartan después los deshechos de manera inhumana, los seres por un conducto al que acuden hipnotizados por la luz, pequeñas bolsas y maletas por otros más oscuros donde serán observados en busca de algún provecho.
Algunas alimañas rondan los despojos, devoran equipajes al menor descuido serpenteando por la vasta superficie gris con el botín fugaz en sus henchidos vientres, sin saber que a su vez, pasarán a ser pasto de las aves que eludieron con fortuna la inevitable dentellada. Y la vida transcurre, calma a veces, a pesar de esto.
De lo que pasa con los otros seres que se mueven hacia la luz no sé mucho, algunos cuentan que los envían para su sacrificio a otro monstruo atroz, al que llaman Ciudad.