Unos se deleitan apresando los enormes pájaros, algunas
veces blancos algunas de colores, que se acercan a reposar sus atoradas alas en
tierra. Allí los esperan, agazapados, con un mimetismo despiadado con el
entorno de estructuras de metal, de cables y cemento, de rincones umbríos y luces
cegadoras.
Suelen esconderse en hangares lóbregos esperando su
oportunidad, algunos ya se atreven a salir a plena luz, hoy acerté a ver uno, y
lanzar su terrible dentellada, poderosa y certera, y una vez los apresan pasan a
engullir vorazmente a los pequeños seres que se apresuran a salir despavoridos
tratando de escapar, de dejar atrás el ave herida, huyendo del miedo sin ver
que corren directos a sus fauces.
Apartan después los deshechos de manera inhumana, los seres
por un conducto al que acuden hipnotizados por la luz, pequeñas bolsas y
maletas por otros más oscuros donde serán observados en busca de algún
provecho.
Algunas alimañas rondan los despojos, devoran equipajes al
menor descuido serpenteando por la vasta superficie gris con el botín fugaz en
sus henchidos vientres, sin saber que a su vez, pasarán a ser pasto de las aves
que eludieron con fortuna la inevitable dentellada. Y la vida transcurre, calma
a veces, a pesar de esto.
De lo que pasa con los
otros seres que se mueven hacia la luz no sé mucho, algunos cuentan que los
envían para su sacrificio a otro monstruo atroz, al que llaman Ciudad.

2 comentarios:
Que un monstruo de ese calibre engulla a tu princesa ha de, necesariamente, dejarte tocado. Por mucho tablet que le dieran en el camino hacia esa ciudad inmensa de cordura imposible.
Buena noche tenga Ud... :))
Dulce, muy dulce ha de ser la golosina que diluya el sabor acre de estas despedidas, aunque conozco una bruja de ojos de miel que tiene la formula.
Gracias por asomar Murgan.
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