viernes, diciembre 27, 2013

... ni todo cuento es ficción.




Terminé de preparar la mochila a medio día, era el último puente del año así que decidí aprovechar una oferta para un par de noches de hospedaje con encanto, por desgracia sin el encanto de una deseada compañía, de esas que te “regalan” cuando te gastas un pastizal en llenar la cuba del gasoil de calefacción para no pelarte de frío en invierno.
Elegí una masía, no muy alejada de aquí, aunque lo bastante como para olvidarme un poco de los últimos acontecimientos en mi historia reciente. Tenía buena pinta, casi en la punta de una loma y de complicado acceso al final. Eso siempre le añade un tinte bucólico al asunto.

Paré a comer en el restaurante de una gasolinera, cerca ya del pueblo más próximo a la masía. Esta se encontraba a unos pocos kilómetros, adentrándose en la sierra y había decidido pasar la tarde en el pueblo, aunque los letreros informativos se empeñaban en hacerme creer otra cosa, indicando con flechas y señales el Centro Histórico de la Ciudad.
Planeaba de paso ver una película que pasaban en un par de horas para la que había comprado entrada por internet. En realidad no tenía prisa por ir ya que me habían dicho cuando hice la reserva que hasta media noche podría presentarme sin más problema.

Mientras apuraba el café, dispuesto ya a pagar la comida se me acercó, era un hombre alto, enjuto, con aspecto de aquellos labradores de las películas de posguerra en blanco y negro,  de fotografía de Zappa y vestido de esa guisa, casi como un desfase de la realidad, aunque quizás no tanto por estas zonas olvidadas del crudo interior de la provincia.
El caso es que había estado observando, de tanto en tanto mientras comía, como se aproximaba a las mesas del pequeño local, una tras otra, y se quedaba parado, mirando inerte durante un rato, sin mediar palabra entre él y los comensales.

Estos no le hacían mucho caso, parecían ignorarle con cierta indiferencia, continuaban con su quehacer como si el extraño no estuviera presente, lo que me llevó a pensar que eran gente de por allí y lo dejaban a su aire o que al menos conocían del singular comportamiento de esta persona, que, por lo demás no daba muestra de alguna alteración nerviosa o tic agresivo que pudiera resultarme amenazante ante lo que parecía una visita inevitable a mi expuesta parcela del salón.

Confieso que me puse alerta un momento, ya que durante un rato había conseguido abstraerme saboreando el café y hojeando por encima las sobadas páginas de un periódico que alguien abandonó un poco antes en la mesa de al lado, y cuando estaba llegando a los deportes apareció casi de súbito plantado delante de mi mirándome con fijeza.
Me relajé al mirar su rostro, que, aunque serio, emanaba cierta atmosfera de placidez, la piel ajada de años bajo soles y vientos, las bolsas plácidas en sus ojos hundidos, serenos, como un Gandalf con gorra, no sé, me preparé para soportar mi parte de la función de la que él, y sólo él parecía formar parte.

Metió la mano en el bolsillo derecho de su vieja chaqueta de pana y extendió sobre la mesa un arrugado papel, un gesto que reviví al recordar que le había visto alargar la mano en alguna mesa antes sin entender el por qué, en el que escribió, con los garabatos típicos del que apenas sabe de letras y se esfuerza en copiar varias veces una frase hasta aprender a escribirla de un tirón, otorgándole el único significado que alguien le explicó en algún momento y del que se vale para hacerse entender.

-'Tengo ambre, alluda. Por favor.'

Decidí “alludarle”, aunque sólo fuese por aliviar un pelo mi conciencia y por no pasar la vergüenza de mentir a alguien por unas pocas monedas , a pesar de gustarme poco las situaciones forzadas tampoco soy de mirar para otro lado si puedo echarle un capote a alguien que parece necesitarlo y visto el éxito con las otras mesas me lo pareció de verdad, si no resulta demasiado gravoso para mi economía, y aunque no podía, (ni quería) quedarme por que empezaba el cine en un rato, dejé dos billetes en la mesa, más que suficiente para pagar mi comida y la suya, le dije sin esperar respuesta ya que no dijo palabra mientras me excusaba, y salí del restaurante.
Mientras llenaba el depósito del coche vi las nubes bajas, densas, lechosas, que iban descendiendo por los barrancos al mismo ritmo pausado que avanzaba la tarde, para terminar seguramente por inundar las lomas hasta la cresta en la noches brumosas que se dan por estas lindes en esta época del año.

La tarde resultó entretenida entre el cine, y la copa que decidí tomar después de pasear un rato por las despobladas calles de “la Ciudad”, es algo que no me gusta mucho, pasear en solitario por calles desconocidas, como si los habitantes se escondieran a mi paso para observarme sin ser vistos, prefiero una toma de contacto más bulliciosa, así que no demoré mucho esta primera incursión. Aún así era noche oscura cuando tomé el camino que me llevaría a la masía unos kilómetros más adelante.

La niebla apenas me permitía ver unos pocos metros por delante del camino de tierra a pesar de los potentes faros, mientras seguía rumiando a mala leche mi falta de previsión al no haber cargado el móvil para poder llamar al caserón a pesar de que ya debía estar cerca, cuando de pronto sentí un salto brusco y un golpe seco en los bajos delanteros del coche, tan fuerte que algo se descolocó y todas las luces se apagaron, mierda de baches, por el ministerio de fomento les iba a dar yo y otras lindezas similares me vinieron a la boca mientras me bajaba dejando el coche encendido, como mi ánimo en ese momento, para recoger la linterna, de eso si llevo en el maletero, menos mal.

Apenas había luna, y el suelo brumoso se mecía a mis pies y no permitía ver el camino así que fui deslizando los dedos de la mano izquierda a lo largo del coche para no perder un referente. La encontré con facilidad ya que es una linterna grande de esas que parecen una caja de zapatos, con asa y todo, función luz de alerta y rotativo y una potente lente frontal. Rezando a lo más alto para que no fallase la tan asequible como fugaz tecnología China me agaché a revisar la parte delantera, en un triste intento por creer que podría encontrar, si no al menos reparar con la infalible técnica de las patadas a destajo, el serio contratiempo de la iluminación.

Al levantarme la sangre casi se me heló cuando vi aparecer de entre las brumas una figura oscura, a apenas unos metros sin emitir ruido ni sonido alguno mientras se acercaba despacio.
Al rato de enfocarla un poco más claramente reconocí al personaje que encontré en el bar en la mañana, lo cual no puedo decir que me tranquilizase demasiado, pero si se relajaron algo mis pulsaciones.
Se detuvo a unos pasos de mi y me indicó con gestos que EL iba ALLI, señalando la oscuridad más adelante, donde, en un instante de brisa racheada creí ver una tenue luz no demasiado lejos a pesar de las circunstancias. Me pidió la linterna alargando la mano y me indicó con otro gesto que le siguiera con el coche mientras empezaba a caminar alumbrando  el camino.

Apenas recuperado de la impresión, no tuve tiempo de pensar si era o no buena idea seguirle en estas condiciones pero el hombre seguía firme hacia adelante y si no reaccionaba se perdería con la luz entre la bruma, así que engrané primera, y con todos los sentidos puestos entre la luz y la inquietante imagen que la portaba decidí llevar el coche conmigo ya que no me apetecía la idea de dejarlo tirado en medio de ningún sitio. Tampoco abandonaría a mi perro.

La figura apenas agitaba el viscoso vapor que se pegaba a la tierra como una fantasmal marea en negativo, mientras yo seguía despacio con el coche casi al ralentí cuando por mi lado de la ventanilla vi una sombra destacando del terreno, un pilar, así que estábamos cruzando un puente, o eso parecía. Ya no necesito más emociones por hoy pensaba mientras me centraba más en ver lo imposible y escuchar cualquier ruido que me indicase suelo firme, cosa que las ruedas iban confirmando para aliviarme un poco.

Tardamos unos dos siglos en cruzar el puente, mes arriba mes abajo, y el mismo tiempo después el camino empezó a ascender y al poco la niebla perdió fuerza en la rampa, lo sentí como que se retiraba, perdida la lucha, al menos por el momento y conmigo saliendo victorioso.
El buen samaritano se detuvo mientras a unas decenas de metros se iluminaba una casa y la plaza grande que tenía delante, por fin, alelujah.

El extraño se acerco a la ventanilla y me devolvió la linterna correspondiendo tímidamente a mi sorprendida y enorme sonrisa de agradecimiento, alumbré la parte trasera para recoger la mochila y cuando me volví ya no estaba. Había desaparecido tan súbitamente como apareció entre la niebla.

Aturdido como estaba aún, la noche no me dio para más que formalizar de manera expres la inscripción y subir a mi habitación a tratar de descansar y olvidar la tensión de mi tortuosa llegada y el extraño doble encuentro con el lugareño.

Dormí mal, entre un sueño de sabanas agitadas por el viento y sombras mortecinas que volaban entre ellas.

Me levanté temprano a desayunar y le pregunté al casero por algún taller cercano, obviando el asunto del extraño en la noche para cuando hubiera más confianza.  
Tenía curiosidad por ver con luz de día el camino que unas horas antes había padecido entre sobresaltos.
Seguí el camino recto en la bifurcación y al poco alcancé a ver los gruesos pilares de ladrillo que escoltaban al puente unos metros más abajo, pero no pude llegar, una cadena aferrada a dos vigas de acero incrustadas en el suelo lo impedían, con un grueso y oxidado candado que sellaba el silencioso mensaje, no pasarán.

Me extrañó el hecho ya que no recordaba haber sorteado ningún obstáculo la noche anterior, el camino no daba para más de ancho, pero es posible que lo bordease sin verlo en aquellas difíciles condiciones con la ayuda del extraño guía.
Bajé del coche de todos modos, entre curioso y extrañado a ver el rio y el barranco más de cerca. Pasando entre los pilares que casi rocé en la oscuridad de la noche anterior.

Mi sorpresa fue mayúscula cuando en unos pasos el suelo se interrumpía sin sustento para encontrarse de nuevo unos metros más adelante, en medio nada, vacío, un espacio abierto que se precipitaba hasta el fondo del barranco, desde donde sobresalían de las rápidas aguas, los restos del pilar central, claramente erosionados por la persistencia del agua en los apurados ladrillos de la base. 

Volví sobre mis pasos sopesando la posibilidad de que este no fuera el puente, ni estos los pilares que crucé antes, ya que era imposible a todas luces, elucubrando sobre cuanto te puede despistar la oscuridad y las compañías misteriosas. Volví por el camino hasta la masía dejando a mi izquierda la señal de desvío que no había visto antes, y me dirigí a la recepción tratando de ordenar mis pensamientos y pregunté al casero como de pasada por el puente roto de más abajo que me había encontrado por equivocación.

Me contó que el camino estaba cortado desde hacía unos años, bastantes, por que el puente se destruyó en una crecida, y que murió allí alguien esa noche, era mudo, un vecino del pueblo muy buena gente al parecer aunque el apenas lo conoció, fíjese que cosa tan mala debe ser morirse ahogado sin poder pedir ayuda, y que hubieron algunos problemas cuando trataron de componerlo unos años después, accidentes y cosas así, y que al final decidieron abrir una nueva carretera unos centenares de metros más arriba, y que le soltaron una pasta al dueño de los terrenos, que ahora es el alcalde,  y que un puente nuevo sustituiría al provisional que llevaba un saco de años como provisional, y que la carretera y el puente los hizo un cuñao del concejal de turno, que hacía puentes y obras varias y también era panadero, y que vaya país, y que …

En menos de dos minutos estaba de nuevo en la recepción mochila en mano, pagando la cuenta excusándome con el pretexto de arreglar el coche mientras era de día y con alguna otra salida que se me ocurrió en el momento para evitar preguntas molestas, agradecido y asegurándole que volvería y bla bla, mientras intentaba que la sangre volviese a circular por mi pálida tez.

Intenté no descentrarme en la carretera aunque mis pensamientos volvían una y otra vez sobre lo ocurrido, o lo que yo creía haber vivido, en plena confusión de juicio y sensaciones, tratando de comprender algunas de las situaciones para darle en lo posible el mayor peso de realidad, de hacer tangible y soportable la historia, entender el por qué la gente lo ignoraba en el bar de la carretera, y si estuvo allí realmente, si sólo yo parecí verlo y por qué. Mi cabeza anduvo loca buena parte del trayecto de regreso, que se hizo muy largo, aunque al final las cosas fueron encajando en la recreación menos fantástica que pude ir trazando para evitar una crisis de ansiedad o algo peor.

Llegué a casa algo más tranquilo y aliviado, después de haber tomado unas cervezas con un par de amigos ya en la cuidad, a los que no comenté nada de la historia que por momentos empezaba a acomodarse y ya no golpeaban de súbito los recuerdos que no hace mucho tiempo me provocaban desbocadas palpitaciones.

Metí la mano en el bolsillo de la chaqueta buscando las llaves de casa y mis dedos atraparon un papel arrugado, extrañado de tener algo en el bolsillo que no recordaba haber metido lo saqué intrigado, tenía algo escrito en una pobre caligrafía, como de niño, aunque las palabras no me recordaron ningún encuentro reciente con gente menuda cerca.

-En paz, amigo. Decía el escrito.

Le di la vuelta para mirar la otra cara de la enigmática nota, y el corazón me dio un vuelco mientras mis manos se dispararon como un resorte arrojando el papel lo más lejos posible, como si hubiese sentido un pinchazo intenso, ardiente. Un movimiento reflejo provocado por el pánico que me dominó al reconocer en el texto, la misma frase, con las mismas letras que un día antes había puesto sobre mi mesa aquel ser, espíritu, o ángel, aquella alma en pena o lo que fuese, cuya presencia imborrable me acompañará por el resto de mi vida, ahora lo sé.

Muy a mi pesar.

miércoles, diciembre 25, 2013

Wonderland.





sábado, noviembre 30, 2013

Cuentos de ayer, hoy... y siempre?



-Y cuando en una ciudad prevalecen licencia y enfermedad, ¿no se abren entonces multitud de tribunales y dispensarios y adquieren enorme importancia la leguleyería y medicina, puesto  que hasta muchos hombres libres se interesan con todo celo por ellas?
(…)
XIV - ¿Podrá, pues, haber un mejor testimonio de la mala y viciosa educación de una ciudad que el hecho de que no ya la gente baja y artesana, si no incluso quienes se precian de haberse educado como personas libres, necesiten de hábiles médicos y jueces? ¿Y no te parece una vergüenza y un claro indicio de ineducación el verse obligado, por falta de justicia en si mismo, a recurrir a la ajena, convirtiendo así a los demás en señores y jueces de quien acude a ellos?
(…)
- Pero no crees - seguí interrogando - que hay otra situación más vergonzosa aún que la citada, la del que no sólo pasa la mayor parte de su vida demandando y siendo demandado ante los tribunales, si no que incluso es inducido por su mal gusto a jactarse de esta misma circunstancia, y hace alarde de su habilidad para delinquir y su capacidad para dar toda clase de rodeos, recorrer todos los caminos y escapar doblándose como el mimbre con tal de no sufrir su castigo, y eso en asuntos de poca o ninguna monta, sin comprender cuanto mejor y más decoroso es disponer la vida de cada uno de manera que no necesite para nada de la intervención de un juez somnoliento?

(Platón. – La república. )


Y me pregunto, que diría Platón si viese los telediarios?

jueves, noviembre 21, 2013

Adivinanza.



Arruinar un Madrid no fue bastante
en olímpicas obras y oropeles
que el pueblo no se duerma en los laureles
dura lección, gestor sin contrincante.

Como premio, cartera, bien repleta
de leyes, emulando al buen caudillo
más papista que el papa (que es rojillo)
gallardo sin el Don, con bayoneta.

Ajusticiar con tasas la justicia
abortar el aborto, tomen nota
quien no lo sepa ver, es por presbicia

que esconde las navajas en la bota
que es lobo, y no cordero, en su avaricia
disfrazado con plumas de gaviota.



Foto: web. Autor :desconocido.

miércoles, noviembre 20, 2013

Huellas.



Nunca me gustó la frase “Un clavo saca otro clavo” que a menudo se usa para tratar de aliviar la pena de alguien cuando es abandonado por su pareja.
Por muy loable que sea la intención de quien las pronuncia, estas palabras arrastran una imperiosa necesidad de olvido que no encaja con mi manera de entender una relación a dos.
Olvidar las huellas que otros nos dejan no sólo es difícil, en muchos casos imposible, si no que además es también un ejercicio de autodestrucción imperdonable.

Es como tratar de arrancar las ramas al árbol para que sane, mermando la experiencia vivída, que si fue buena se ganó por derecho ese rincón, y si fue mala, el tiempo debería cerrar las cicatrices a su compás. Mejor tratar de acomodar las grietas donde mejor estén, que el vaivén de los pasos vaya asentando los restos, sin removerlos, que no saltar a la desesperada buscando quien se ajuste, palmo arriba palmo abajo, al socavón reciente, y tratar de borrar de un manotazo la lección que nos dejó.
Si alguien es capaz por mérito propio de abrir un espacio en otro ser, que permita en su ausencia ser recordado, como un vacío, como una luz, como cada uno quiera verlo, tan grande o menudo como decida, no cabe más que respetar la elección, ya que el juicio de apreciar ausencias ajenas no depende de uno mismo si no que es el otro quien únicamente tiene el derecho a  otorgarle ese valor ¿ y quien entre vosotros, honestamente, no quisiera sentirse así tratado incluso en la ausencia?

Que un corazón tiene espacio para tanto que no caben cuitas ni reyertas, ni andarse con apreturas, ni tirar de tenazas para pretender, sin éxito, arrancar de cuajo esas tachuelas sin padecer un mal mayor que el ya sufrido.

Y así aprendí a caminar con cuidado para no pisar los hoyos que otros dejaron, que si están ahí será por que lo merecieron, respetando el pensamiento de quien tengo enfrente, esperando, más bien deseando, que ocurra lo mismo con los míos, si alguna vez dejo huella suficiente en piel ajena.
Y no quisiera verme como mercancía de cambio, tratando de rellenar huecos hechos por y para otra piel, como un remedo ortopédico que trate de paliar esa carencia, esa ausencia, si no como quien ocupa un espacio genuino, hecho a mi medida, por y para mi exclusivamente.

Mejor acomodarse en tus propias zapatillas, que oprimirse en zapato de cristal ajeno.

domingo, noviembre 17, 2013

La delgada linea roja.



Todos tenemos un punto de inflexión, un marco invisible aunque explícito en muchos casos por el que no permitimos que crucen otros. En cualquier tipo de relación, sea de amistad, sentimental o sexual nos gusta mantener ese espacio íntimo, en el que nos definimos como personas y que de verse atravesado nos hace sentirnos agredidos de alguna forma.
Cada quien escoge el nivel  de aceptación hacia los otros, el límite de permisividad consciente al que estamos dispuestos a llegar sin que ello nos suponga algún tipo de humillación, vejación, menosprecio o simplemente decepción, y el resto deberíamos entenderlo como tal.
Hay quien tiene el recorrido corto, a mi modo de ver, y permite pocas maniobras. Personas con el orgullo a flor de piel, que saltan como un resorte a la primera impresión de acercamiento a esas lindes prohibidas. Suelen tener un comportamiento voluble, de difícil trato y peores expectativas de relacionarse a cualquier nivel como personas.
Otros lo tienen demasiado largo, y bien sea por necesidad de aprecio, baja autoestima o motivos paralelos se dejan avasallar en demasía consiguiendo las más de las veces el efecto contrario al que persiguen, siendo tomados por idiotas por la mayoría de gente que los trata.
Como sea, todos decidimos nuestros límites de manera consciente o no, y es bueno conocer los de quien tenemos enfrente, a fin de evitar males no deseados o choques imprevistos.
La miga está en saber cuales son en las personas que nos interesa tratar, y esto, aunque la base puede conocerse de manera empírica por razones simples de comportamiento, sólo sucede cuando intentamos cruzar esa puerta incluso por descuido.
Según se manifieste la reacción, y comparándolo con la respuesta hacia otras personas, sabremos hasta que punto tenemos licencia, paso franco en este desliz provocado o no, o simplemente salvamos la partida por los pelos.  Ya que del mismo modo que marcamos esa línea, no la disponemos de igual manera para todo aquel que se acerque a su orilla.
Y esa medida es la que nos dice si somos queridos y aceptados igual o más que otros en la misma situación.
Pero la norma básica e inquebrantable es que por mucho que te permitan acercarte, nunca se debe cruzar esa línea si apreciamos lo que el otro significa para nosotros.
Lo difícil, y a veces apasionante, es estar lo bastante cerca y con los sentidos alerta para saber valorarla y permitir de este modo que todo siga fluyendo en una relación entre iguales, con absoluta libertad y respeto.


Paradójicamente, esta foto es una pose robada, que espero no moleste a nadie en particular :).
Manias de elfo, pero ya me estoy curando, palabra.

viernes, noviembre 01, 2013

Tranquilo, no te dolerá apenas.



Ocurre que a veces, uno se levanta con esa extraña sensación, tan difícil de describir, de que hay algo que no está bien.  Que el día aparece apagado aunque luzca el sol, que ves gatos negros en todos lados ( aunque yo no soy supersticioso, que eso da mala suerte ), amanecer barruntando el palo entre las ruedas.
Esto puede ocurrir por motivos diversos.
Quien no se ha despertado padeciendo, palpitando la sospecha de que algo le ha ocurrido a un ser cercano, no necesariamente en la distancia si no en el apego.
Aunque esto suele venir precedido de ensoñaciones o fuertes pensamientos hacia esa persona. O así lo he vivido yo.
En este caso va de viajes, que también se prestan, al menos en mi caso con cierta frecuencia, a mantener el nivel de tensión interna algo más elevada de lo necesario. Máxime si el viaje promete encuentros y reencuentros anhelados.
Por mi experiencia en volar, de manera artificial hablo, en avión, vamos, y no de esa otra manera dulce, de volar a dos, ya conozco bien que las cartas a veces vienen mal dadas.
Y te quedas en tierra por problemas mecánicos ó técnicos.
Contra los elementos no se puede luchar, o al menos no conmigo en el pasaje si puedo elegir, pero el día lució espléndido  en Valencia así que el caso fue otro distinto.
Algo que tiene más que ver con políticas de gestión del oro, aunque sea a costa de la ingestión de alguna que otra alma. Este curioso fenómeno se llama:   “Overbooking”
·         “ El overbooking se produce cuando la compañía aérea ha vendido más plazas de las que dispone el avión. Debes saber que es una práctica comercial legal, que está regulada en la Unión Europea, y que en caso de que te afecte en un vuelo tienes una serie de derechos que las compañías deben cumplir”
·         Citado de consumoresponde.es
·          
Unos cuantos carneros fuera, para que la aerolínea se vaya completa y justifique los yates y villas de sus prebostes ante los accionistas, que probablemente tengan jet privado y no les incordien estos pequeños detalles. Jodidos por y para las máquinas, así andamos también en estos cielos. 
Y así son las cosas, y quizás por eso lo de los nubarrones matinales.
Y mientras regresaba, en el tren se me ocurrió que podría escribir un libro, lo pensaba titular :

" El overbukin y la madre que lo parió.!

Tambien me rondaba; " Líbreme el altísimo de las prácticas comerciales ilegales, teniendo estas como buenas. “ Pero era muy largo.

Tan largo como fue el día.

sábado, octubre 26, 2013

Reloj de arena.



Demasiados crespones en estos días
demasiadas banderas a media asta.
Hollando  nuevamente los surcos embarrados
de la ultima carreta, Caronte de mis días.
Repitiendo los pasos frescos en la memoria
como un Othar sin amo, así viaja la parca,
marchitando las flores que riega el llanto,
lánguidas en la sombra del ciprés centenario.
Basta de crisantemos en usufructo.
Basta de romerías a campo santo,
inútil implorar tregua por otros,
se desliza la arena
sin piedad,
flemática.

sábado, octubre 19, 2013

Uno para todos.




Se llamaba Carmen.
Era una Pied-Noire que regresó a su Francia originaria, como tantos otros, tras la independencia de Argelia y la consiguiente pérdida de la colonia Africana.
Allí rehizo su vida después de un matrimonio fracasado, y se dedicó a los viñedos.
Recuerdo que solía contar historias de cuando era niña y su padre era propietario de un cine en algún bonito pueblo de la costa Mediterránea, aun aparecen con ese halo mágico que me sugerían, cuando venían a visitar a mis padres en vacaciones.
La vida y los achaques de la edad la trajeron muy cerca de casa de mis padres hace unos años ya.
Mi madre cuidó de ella en lo que pudo hasta que comenzó a marchitarse.
Murió sola, en la penumbra de una habitación de hospital.
Al funeral, sin exequias, acudimos 3 personas, mientras colocaban el féretro en el nicho del muro, un macabro Mondrian en blanco y negro. No hubo más. Ya no hay más.
Se llamaba Carmen, y prefiero pensar que también fue feliz.
Descansa en paz.

martes, octubre 15, 2013

De polvo y lodo.



Hoy me dio por bajar al trastero, aprovechando unos días de ocio, para tratar de recomponer de alguna manera la entrópica disposición  de cajas amontonadas y multitud de objetos acumulados en años.
Lo que suele terminar en un cambalache de unos por otros, o, en el mejor de los casos reemplazar los objetos inservibles, por no usados, más antiguos por otros de más reciente obsolescencia.
Pero no es una actividad inocua, al remover el polvo de algunos objetos que guardamos hay algo más íntimo que también se agita y que nos acaba perturbando en alguna forma.
Desempolvar recuerdos suele ser un arma de doble filo. Los trasteros y cajones suelen tener esa falsa pared, ese doble fondo del que surgen por igual sonrisas y aflicciones. Y surgen de modo inesperado a veces, ya que los recuerdos buenos pesan tanto como los malos y ninguno se va al fondo  por propia voluntad.
Y tampoco guardan una relación directa con el tamaño de la caja y la persistencia del recuerdo que alberga.
Embalajes que guardan objetos que a su vez contienen pedazos de existencia sin apenas esfuerzo aparente, como cargados de una infinita paciencia, a sabiendas de que les llegará su turno, y volverán a pellizcar de nuevo como en la última ocasión, somos tan predecibles a largo plazo.
Algunas cajas contienen proyectos, realizados o no, ilusiones, decepciones, impresiones de presencias ya lejanas algunas, de luchas olvidadas, de sonrisas amables, de complicidad, de besos disipados en el tiempo, tan distante ya que se evaporan casi en el mismo instante en que aparecen.
Fotografías, recortes, revistas, libros, zapatos, todo guarda algún vestigio de lo que fuimos, y de cómo fuimos en algún rincón de nuestra existencia.
Así encontré que abriendo una caja aparecía ropa de bebé, envuelta en aroma dulce de talco y lavanda, y aquellos curiosos ojos que miraban extrañados un mundo que se desplegaba a su alrededor, y risas, muchas risas, y noches sin dormir apenas pendiente del más leve susurro que delatase inquietud en un sueño que quisiera velar por siempre, y los vacilantes pasos que se escapaban del  trastero como buscando el rastro en unas huellas que se borraron por desuso.  La cerré, no sin esfuerzo.

Dura tarea la de encarar los grises del pasado si no se anda bien centrado en el presente.

domingo, septiembre 22, 2013

X



Se masca mal la soledad a solas.
Más tarde la masticas que te muerde
Se rumia en seco este vil ganapierde
En que vencer es ahogarte en sus olas

No es trago de admirar, sírvase fría
Y ponle un par de hieles, en las rocas
Y a todo aquel que quiera, un par de copas
Que esta ronda se corre a cuenta mía

Ya probé  tu vinagre y tu miel
Y tus luces y sombras con derroche
Maldita  compañera, siempre fiel

Libérame de ti sin más reproche
Libre soy porque hoy es otra piel
 la que busco en solitarias noches

martes, septiembre 17, 2013

Vida, como papel.



" En materia de patrimonio biológico, la menor innovación es, al parecer, ruinosa. La vida, conservadora, sólo se desarrolla gracias a la repetición, al cliché, a la ramplonería. Todo lo contrario del arte"   ( Emile M. Cioran - Ese maldito yo- )

De pequeño siempre me atrajo dibujar, coger un papel en blanco y ver como se iba iluminando de colores, u oscureciendo de negros y grises me fascinaba, y me llenaba de satisfacción y, por qué no decirlo, de un pequeño y excitante poso de orgullo en mi menudo cuerpo.
La gente de mi entorno, hasta donde recuerdo ignorantes de los deleites del arte, de cualquier tipo de manifestación de este, pues bastante tenían los unos con procurar el caldo diario y con conseguir evadir el duermevela del conserje y escaparse del colegio los otros, decían que se me daba bien, que “tenia mano” mientras yo me entretenía tratando de plasmar con la mayor veracidad posible escenas y personajes copiados de cualquier pedazo de papel que tuviese impresa una imagen. Y como disfrutaba con ello!

Nunca conseguí conformar esa inquietud con suficiente firmeza más que para unos pocos buenos ratos, por diversos motivos que no contaré esta vez y que darían para más de un post.
Ni sé donde quedó aquel niño inquieto y curioso que disfrutaba como un loco con un lápiz en las manos, y al que añoro entre otras cosas por esto mismo, aunque no debe andar demasiado lejos pues sigo sintiéndolo arañar de vez en cuando, blandas las uñas las más de las veces.

Pero sí que aprendí con el tiempo a disfrutar del arte en diversas formas en la medida de mi capacidad intelectual y de lo que las entrañas me iban dictando, y he tenido la dicha de compartir  experiencias en este campo, excitantes algunas, inolvidables otras, impagables todas, y de escuchar de cerca voces duchas en materia, y de ver a través de ojos (preciosos los tuyos) que saben mirar y que ven donde mi acérrima miopía apenas alcanza a vislumbrar.
Y esto me llena, aunque no sin cierta envidia, al ver que aquellos pulsos los viven otros con una intensidad cuanto menos pareja a la que yo recuerdo en mi infancia y algún tiempo más acá. Y nace una mueca entre la felicidad y la desazón que no siempre sé donde encajar.
Por que veo que era bueno el tocón elegido, y lo sigue siendo, roma la punta ya, eso sí, del buril que lo desbasta a ratos.

Y a veces sueño que llegará el momento, MI momento y que esta ajada esencia que me alienta dispondrá cuerpo y mente, con permiso de los dioses, alineados en la consecución de tan dichoso propósito.

Aunque ya no sé si soy yo o aquel elfillo revoltoso que fui, quien invade mis noches y sueña por mi. 

miércoles, septiembre 11, 2013

...como se quiere a un gato.



No deja de ser paradójico el hecho de que lo que nos atrae de una persona pueda llegar a ser lo que nos aleje de ella.
Y no es sencillo luchar contra los atavismos de una educación machista y retrógrada, ni contra el griterío de una sociedad que nos impone roles que acabamos asumiendo como normales y que a la postre nos impiden entender una relación de manera libre y satisfactoria.
Libertad, palabra estéril cuando se usa sin el juicio suficiente, sin la concepción plena de saber lo que significa ser libre en toda su amplitud y, sobre todo, de aceptar y permitir que los demás también lo sean, libertad para escucharte o no, para abrazar, libertad para juzgar, para susurrar ven, para decir adiós.
Libertad para elegir sus actos, sin la intención de daño, s'il vous plait,  aunque nos duela.
Con el tiempo he ido aprendiendo, asumiendo la convicción, de que nos entregamos cuando somos libres de pensamiento y obra, solo en esa condición  existe el amor real y no un sucedáneo almibarado, un cariño basado en la costumbre.
Y abrasa más un solo beso en libertad que mil caricias pagadas a fuerza de maniatar la voluntad por complacer al otro.
Y perdura, ya lo creo que sí!
Lucho contra esa visión pacata de la vida y del amor que decía al principio, con la esperanza de ganar y con la certeza de que sólo de esta manera podré disfrutar plenamente de otro ser.
Y es ese ser libre el que deseo. 
Y ese alma desnuda y descarnada, y disfrutar en plenitud, en libertad, de cualquier encuentro, por menudo que sea. Con un único y claro propósito, que tras la partida, tras el regreso a la cueva, nos invada con avidez ferviente y limpia, la necesidad imperiosa de repetir el encuentro, de volver a buscarnos y encontrarnos de nuevo. Sin más.

domingo, septiembre 08, 2013

Navegar sin brújula



Que no todos servimos para todo de igual manera, aparte de una perogrullada, es una gran verdad.
Si tuve claro algo en mis primeras nociones de conciencia fue saber de mis limitaciones en asuntos que me interesaban .
Puede pensarse que es una forma de restringirse poco productiva en lo personal, incluso malsana, aunque también se puede ver desde la óptica de que conociendo tus defectos, asumiendo plenamente los condicionantes se tiene más claro que es lo que te falta para llegar a donde quieres, y así poder establecer una meta, un objetivo, de manera más directa.
Y aquí está el problema, el quid de la cuestión, la esencia de estos sinsabores o fracasos, y también, por qué no decirlo, de algunas mellas amables e imborrables en esta carcasa curtida por tantos inviernos.
Los elfos somos, por definición, esquivos y solitarios, apenas nos dejamos ver entre otros, y solo nos sentimos a gusto y por momentos con gente de igual condición, y, por tanto, difíciles de encontrar tanto como uno mismo. De ahí que proponerse un ideal distinto del elegido sea, como poco, una tarea ardua, que no todos estamos dispuestos a acometer.
A veces es mejor navegar al pairo, arriadas las velas y los remos aclarados, dejándose arrastrar por la corriente, disfrutando, eso sí, el paisaje cercano y los gestos amigos de quien se cruza, por coincidencia (hasta los astros se alinean en ocasiones) en este devenir, más que el buscar varaderos donde atracar atraídos por la presencia de otras naves, de luces llamativas y músicas hipnóticas como canto de sirenas.
Este dejarse llevar no siempre es la mejor manera de recorrer este rio, ni la más segura. A veces hay corrientes que te alejan de una orilla amistosa y deseada, rocas con aristas como sables, remolinos y rápidos espumosos entre gargantas oscuras, así que no es por una meditada economía en el gasto, ni por concepción cobarde de la vida, más bien como una elección, puede que inevitable e inherente tal vez a la condición de elfo.
Pero conociendo esto quizás se disfrutan mucho más las lagunas tranquilas donde a veces voy a desembocar, los meandros de arco suave y vegetación frondosa y atrayente en cada curva, la otra cara de esta dualidad.  Y pueblos distintos donde orillar la barca y compartir de manera natural, y no forzada, el pan del camino y unas risas regadas en hidromiel. Remansos que te abrazan con sonrisa amistosa y te dejan partir con la misma buena voluntad.
Es explorar el río, y no embocar el estuario lo que te enriquece, y el navegar, deprisa o despacio pero siempre adelante lo que mantiene la esencia vital. Así que en este otoño a veces jaspeado de primaveras lo único que pido a la naturaleza es la pizca de orgullo y lucidez necesarios para saber cuando estoy de más en un lugar, de cuando mi presencia ya no es grata. Y el coraje suficiente para soltar amarras.

Del resto, la balsa y la corriente se van encargando.

lunes, septiembre 02, 2013

Los aeropuertos están llenos de monstruos.



Unos se deleitan apresando los enormes pájaros, algunas veces blancos algunas de colores, que se acercan a reposar sus atoradas alas en tierra. Allí los esperan, agazapados, con un mimetismo despiadado con el entorno de estructuras de metal, de  cables y cemento, de rincones umbríos y luces cegadoras.
Suelen esconderse en hangares lóbregos esperando su oportunidad, algunos ya se atreven a salir a plena luz, hoy acerté a ver uno, y lanzar su terrible dentellada, poderosa y certera, y una vez los apresan pasan a engullir vorazmente a los pequeños seres que se apresuran a salir despavoridos tratando de escapar, de dejar atrás el ave herida, huyendo del miedo sin ver que corren directos a sus fauces.
Apartan después los deshechos de manera inhumana, los seres por un conducto al que acuden hipnotizados por la luz, pequeñas bolsas y maletas por otros más oscuros donde serán observados en busca de algún provecho.
Algunas alimañas rondan los despojos, devoran equipajes al menor descuido serpenteando por la vasta superficie gris con el botín fugaz en sus henchidos vientres, sin saber que a su vez, pasarán a ser pasto de las aves que eludieron con fortuna la inevitable dentellada. Y la vida transcurre, calma a veces, a pesar de esto.
De lo que pasa con los otros seres que se mueven hacia la luz no sé mucho, algunos cuentan que los envían para su sacrificio a otro monstruo atroz, al que llaman Ciudad.

jueves, julio 25, 2013

Sombras




Días oscuros rondan esta cueva, como las pasadas sombras de Mordor, demasiado frecuentes como para olvidarlos, demasiado cercanos como para ignorarlos, como para no sentir su gélido aliento rodeando tanta gente cercana, y querida, y viendo, rabiando de impotencia, lo que nunca quise ver, por miedo o por cobardía, que no por ignorancia. Ocultando los ojos mientras otros luchan con coraje para ganar otra batalla en una guerra perdida de antemano, lucha que siempre creí lejana (los elfos sólo mueren de pena) y aquí en mi caverna me sentía a salvo, ja!
Demasiados días al abrigo de esta cripta, demasiadas noches saltando fuera sin mover los pies, abriendo el paraguas para evitar el sol. Pero no, no sirven las telas ni zurcidas de ilusión infantil ni los muros de piedra milenaria, Ella te quiere y te tiene, no hay más! 
Así que ya lo ví claro, cambio mis lembas por un buen salchichón, mi refugio por los caminos, incluso embarrados, mis lágrimas por tu sonrisa y elijo ser feliz, así al menos, no moriré de tristeza.

Lamento la chirriante canción, no quise buscar algo más tétrico, que ya lo es bastante. Espero más luces en la próxima. Amén.

La canción me gusta, ya que estamos.

domingo, junio 16, 2013

Por sus dogmas los conoceréis.



Corren malos aires estos días en Estambul, aquí, en las orillas del Bósforo donde siempre sopla una brisa fresca en verano y gélida en el duro invierno, siguiendo la ley natural que los mueve desde eras, siempre en el mismo orden y sentido, de Norte a Sur frío e imponente, y su contrario cálido y renovador. Lógica natural que el hombre adapta de manera extraña a sus propias leyes, los rojos hacia la izquierda los azules a la derecha como si de esa manera guardase el respeto debido, y perdido hace ya mucho, a sus  orígenes.

Pero esta vez, otra vez, debería decir, es diferente, ya que son vientos impuros, cargados de humo y gases de azufre, como del mismo infierno, y de llanto amargo y rabia e impotencia, de ver y no entender el puñal aferrado en mano, amiga en otros días menos grises. Pero también de fuerza y esperanza, y de unas ganas inmensas de trocar las bayonetas en flores, o en arboles de un parque que otros días estuvo lleno de risas pequeñas, y música y palabras de amor, y aliento de construir un mañana mejor para otros además de para sí mismos, y que hoy humea vergüenza en bolas de fuego, cual redentora plaga, lanzadas desde los minaretes que algunos otorgan la altura del mismo cielo.
Malditos los tiranos que son y fueron, y los que los mantienen y complacen a sabiendas por un miserable hoy, que no les llegará a mañana, y no los que los apoyan en la fomentada y consentida ignorancia de una fe intencionadamente excluyente y tan divergente de la que fue en su origen, para el provecho de unos pocos que llenan sus nidos de urracas con las cuentas de colores de sus mansas almas.

Ninguna cruz vale un muerto, ni el primero, que lo hubo y para mi ya son muchos, ni una luna vale el llanto de un niño ni el temor de una madre, cuanto menos una incompleta, como el corazón de quienes están dispuestos a defenderla a hierro y fuego, de agravios contra el que creen más débil y errado, y que ni con escolta de estrellas ni telas rojas como sangre se sustenta en el cielo.

Y sé que el viento del Sur volverá a honrar esta tierra con su cálido y anhelado abrazo. Mal que les pese.
Inshallah.

Me salté una norma no escrita de ignorar a los políticamente indecentes, pero mis razones tengo, como los que me son cercanos conocen bien.

jueves, mayo 30, 2013

El mito de Casanova




Se presentó una tarde como una Mona Lisa
ocupamos la acera a la sombra del sol
Baco y Eros jugaron su partida sin prisas
apuramos las ganas a la luz de un farol.

Sin permisos ajenos ni tarjetas de boda
sin piadosas verdades ni papel celofán
la de cal en la cama, la de arena, sin soda
braceando este mar  con manchas de alquitrán

No soy hombre de a perra, ni ruin ni cobarde
eso firma y confirma quien me conoce bien
pero besé esa piel donde el invierno arde

descarrilé mi alma en este andén
Y me cuelgo del móvil por la tarde
anhelando su voz diciendo, ven!


...







martes, mayo 14, 2013

El sueño (irreverente) de Don Juan.


En donde andáis Inés, que ya os presiento
asomada a la reja , enamorada,
que aunque ya es noche oscura y bien cerrada
su luto no ha de emboscar mi pensamiento.

Déjame que me cuele en tu aposento
que traigo el alma ardiendo, el tipo helado
y siéntate aquí cerca, a mi costado
que el abrazar tu talle me de aliento.

“Abrazarte tan sólo, me conformo con eso
abrazarme a tu pelo, abrazar tu mirada
abrazar tu cadera, tu sonrisa encantada
 y abrazados al fin… robarte un beso.

Un beso casto y puro,  lo prometo,
que me castigue Dios si así no fuera
aunque probar tus mieles yo quisiera
tus mieles en mi boca”, ya estoy quieto!

Son mis manos, no yo, las que andan presto
hurgando entre los pliegues de tu escote
que se me está erizando hasta el bigote
Pero mírame Inés como me has puesto!

Permíteme enredarme entre tu pelo
no te me hagas la estrecha a estas alturas
que hace rato perdiste la impostura
y ya no caben cuitas ni recelos.

Desvístete ese hábito inservible
y ofréceme esa flor terciopelada
que tengo ya la sangre encabritada
y esto no lo detiene ni la Armada Invencible.

- Si es que no es buena cosa lo de juntar Riberas con noches solitarias

miércoles, mayo 01, 2013

Trapecista sin red.



Ella tiene esa luz con que irradian muy pocos
un deje peregrino la acompasa al andar
ese influjo divino que acompaña a los locos
si cruza tu camino no la vas a olvidar.

Brota el verde en sus manos, de su alma los rojos
multicolor paleta su lúcido pensar
quien tuviera la dicha de espejarse en sus ojos
y entre sus tibios dedos dejarse modelar.

No comulga con credos que aturden a la masa
siempre busca en el aire la instantánea vital
con que plasmar su fe, mientras el tiempo pasa
y amplia el negativo de la foto final.

Pero juntar en una, más vidas que los gatos
olea claroscuros, que vienen y que van
en este mundo cruel de Salieris baratos
los necios siempre quitan más de lo que te dan.

Si pudiera elegir, por sentirlo importante
no cambiaría mil noches en lechos de coral
por conseguir, siquiera por un fugaz instante
estremecer su pecho y sentirme inmortal.
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“Todo lo llenas tú, todo lo llenas”
P. Neruda

lunes, abril 29, 2013

Carne de barrio.



Nací en un barrio malo, de plazas sin jardines, y casas de ladrillo, y fábricas de hambre, tabernas de barato donde el vino se lleva la pena y la ilusión.
Donde las bolsas suenan a sumisión pasiva, y jóvenes y viejos tienen el mismo encaro y perros como alambres aúllan decepción.
No quise ser el tuerto en un país de ciegos, de los que enfilan proas recto a las cataratas. Aferrados a tablas con el fondo de plomo.
 Y sé bien lo que cuesta vencer la marejada, por que aquí muchos nadan para ahogarse en la orilla, y que el faro en la niebla tiene la luz caduca.
Por eso ya no busco mi mesías a medida, ni aunque vista tacones y bolso de charol.
Que yo no quiero noches de placer afectado, con que enjugar las llagas de tantos arañazos, ni dramas añadidos a las horas del  día, ni perro que me ladre, ni zorra que me adule, buscando entre mis sábanas su propia salvación.
Que en este escalón que habito, donde ronda el otoño, y ya los amarillos pintan más a tostado,  casi tanto me dieron  como bien se llevaron.
 Y ya me siento en paz, entre el haber y el debe. Me siento en paz y libre de aceptar lo que pienso, y de esquivar las redes que otros lanzan al aire.
Y sé bien lo que vale la verdad en la boca, por escasa, y un brazo amigo, y una cadera amable.
Y un no de frente hiere menos que mil besos sin alma. Y se agradece más.
Por eso  sólo pido un brindis a la luna, beberme tus anhelos, levantarte la falda, y esperar que desees embriagarte de mí.
Y tu boca desnuda, y tus penas vestidas.
Y que el alba nos llegue en cuerpos aovillados, buscándonos en sueños, soñándonos en vela.
Y llevarme tu aroma a mi rincón umbrío, donde quizás mañana brote un rayo de luz.

jueves, marzo 07, 2013

Serenata

Ahora que los ladros perran,
ahora que los cantos gallan,
ahora que albando la toca
las altas suenas campanan;
y que los rebuznos burran,
y que los gorjeos pájaran
y que los silbos serenan
y que los gruños marranan
y que la aurorada rosa
los extensos doros campa,
perlando líquidas viertas
cual yo lágrimo derramas
y friando de tirito
si bien el abrasa almada,
vengo a suspirar mis lanzos
ventano de tus debajas.

Tú en tanto duerma tranquiles
en tu rega camalada
ingratándote así burla
de las amas del que te ansia
¡Oh, ventánate a tu asoma!
¡Persiane un poco la abra
y suspire los recibos
que esta pobra exhale alma!
Ven, endecha las escuchas
en que mi exhala se alma
que un milicio de musicas
me flauta con su compaña,
en tinieblo de las medias
de esta madruga oscurada.
Ven y haz miradar tus brillas
a fin de angustiar mis calmas.
Esas tus arcas son cejos
con que flechando disparas.
Cupido peche mi hiero
y ante tus postras me planta.
Tus estrellos son dos ojas,
tus rosos son como labias,
tus perles son como dientas,
tu palme como una talla,
tu cisne como el de un cuello,
un garganto tu alabastra,
tus tornos hechos a brazo,
tu reinar como el de un anda.
Y por eso horo a estas vengas
a rejar junto a tus cantas
¡y a suspirar mis exhalos
ventano de tus debajas!


José Manuel Marroquín

Bogotá, Colombia 1827-1908

Y me pregunto que le pondrian al café en aquellos tiempos …