lunes, septiembre 02, 2013

Los aeropuertos están llenos de monstruos.



Unos se deleitan apresando los enormes pájaros, algunas veces blancos algunas de colores, que se acercan a reposar sus atoradas alas en tierra. Allí los esperan, agazapados, con un mimetismo despiadado con el entorno de estructuras de metal, de  cables y cemento, de rincones umbríos y luces cegadoras.
Suelen esconderse en hangares lóbregos esperando su oportunidad, algunos ya se atreven a salir a plena luz, hoy acerté a ver uno, y lanzar su terrible dentellada, poderosa y certera, y una vez los apresan pasan a engullir vorazmente a los pequeños seres que se apresuran a salir despavoridos tratando de escapar, de dejar atrás el ave herida, huyendo del miedo sin ver que corren directos a sus fauces.
Apartan después los deshechos de manera inhumana, los seres por un conducto al que acuden hipnotizados por la luz, pequeñas bolsas y maletas por otros más oscuros donde serán observados en busca de algún provecho.
Algunas alimañas rondan los despojos, devoran equipajes al menor descuido serpenteando por la vasta superficie gris con el botín fugaz en sus henchidos vientres, sin saber que a su vez, pasarán a ser pasto de las aves que eludieron con fortuna la inevitable dentellada. Y la vida transcurre, calma a veces, a pesar de esto.
De lo que pasa con los otros seres que se mueven hacia la luz no sé mucho, algunos cuentan que los envían para su sacrificio a otro monstruo atroz, al que llaman Ciudad.

2 comentarios:

Murgan dijo...

Que un monstruo de ese calibre engulla a tu princesa ha de, necesariamente, dejarte tocado. Por mucho tablet que le dieran en el camino hacia esa ciudad inmensa de cordura imposible.

Buena noche tenga Ud... :))

elfo gris dijo...

Dulce, muy dulce ha de ser la golosina que diluya el sabor acre de estas despedidas, aunque conozco una bruja de ojos de miel que tiene la formula.
Gracias por asomar Murgan.