martes, septiembre 17, 2013

Vida, como papel.



" En materia de patrimonio biológico, la menor innovación es, al parecer, ruinosa. La vida, conservadora, sólo se desarrolla gracias a la repetición, al cliché, a la ramplonería. Todo lo contrario del arte"   ( Emile M. Cioran - Ese maldito yo- )

De pequeño siempre me atrajo dibujar, coger un papel en blanco y ver como se iba iluminando de colores, u oscureciendo de negros y grises me fascinaba, y me llenaba de satisfacción y, por qué no decirlo, de un pequeño y excitante poso de orgullo en mi menudo cuerpo.
La gente de mi entorno, hasta donde recuerdo ignorantes de los deleites del arte, de cualquier tipo de manifestación de este, pues bastante tenían los unos con procurar el caldo diario y con conseguir evadir el duermevela del conserje y escaparse del colegio los otros, decían que se me daba bien, que “tenia mano” mientras yo me entretenía tratando de plasmar con la mayor veracidad posible escenas y personajes copiados de cualquier pedazo de papel que tuviese impresa una imagen. Y como disfrutaba con ello!

Nunca conseguí conformar esa inquietud con suficiente firmeza más que para unos pocos buenos ratos, por diversos motivos que no contaré esta vez y que darían para más de un post.
Ni sé donde quedó aquel niño inquieto y curioso que disfrutaba como un loco con un lápiz en las manos, y al que añoro entre otras cosas por esto mismo, aunque no debe andar demasiado lejos pues sigo sintiéndolo arañar de vez en cuando, blandas las uñas las más de las veces.

Pero sí que aprendí con el tiempo a disfrutar del arte en diversas formas en la medida de mi capacidad intelectual y de lo que las entrañas me iban dictando, y he tenido la dicha de compartir  experiencias en este campo, excitantes algunas, inolvidables otras, impagables todas, y de escuchar de cerca voces duchas en materia, y de ver a través de ojos (preciosos los tuyos) que saben mirar y que ven donde mi acérrima miopía apenas alcanza a vislumbrar.
Y esto me llena, aunque no sin cierta envidia, al ver que aquellos pulsos los viven otros con una intensidad cuanto menos pareja a la que yo recuerdo en mi infancia y algún tiempo más acá. Y nace una mueca entre la felicidad y la desazón que no siempre sé donde encajar.
Por que veo que era bueno el tocón elegido, y lo sigue siendo, roma la punta ya, eso sí, del buril que lo desbasta a ratos.

Y a veces sueño que llegará el momento, MI momento y que esta ajada esencia que me alienta dispondrá cuerpo y mente, con permiso de los dioses, alineados en la consecución de tan dichoso propósito.

Aunque ya no sé si soy yo o aquel elfillo revoltoso que fui, quien invade mis noches y sueña por mi. 

4 comentarios:

Amparo dijo...

Los placeres del arte.... el arte de los placeres.

Tal vez es que de niños no nos importa tanto lo que opinan otr@s de nuestra manera de hacer, de cómo colocamos los colores dejándonos llevar.

Tal vez, Elfo, de mayores, muchos los sustituyen por otras formas de dejarse llevar, de ser libres.... pero privadas. O tal vez, prefieren no dejarse llevar, no permitirse esa sensación de felicidad creativa.

Quien sabe. ;D

elfo gris dijo...

Será cosa de necesidades, cubiertas o no. Gracias por asomar Amparo.

Unknown dijo...

Me niego a negarme... y tú también.

El nivel de angustia que sentimos ante una tensa espera
creo que es directamente proporcional al cambio que convella.
Cuanto más miedo sentimos, más radical será el cambio presentido.
Un miedo paralítico que no es ni más ni menos que la inseguridad
a no estar preparados (y queremos) cuando llegue el momento temido y deseado.
Llegado a ese punto, la introspección sincera y descarnada
es a mi entender la única vía de entrenamiento a nuestro alcance.

En una coyuntura similar me ví hace muchos años y yo también intenté reflejarlo en palabras,
como haces tú, y esto es lo que me salió (espero te alivie):

Podría ser que no fuera más que un sueño, de tiempo tan interminable como fugaz, o tal vez es el justo castigo
que merece quien regala visiones a bajo precio creyendo así superarse a sí mismo.
Quizás la aceptación sincera de la vida no es más que otra forma de fe.
Si sólo desearla fuera suficiente... pero llega un momento en que hasta para eso es demasiado tarde.

Sin ella la angustia y la eterna inconstancia que crea la incertidumbre alcanzan niveles tan elevados
que acaban por ser lo único esencial y permanente, un distintivo en el que reconocernos, individual y propio que nos hace ser.

Una vez tomamos consciencia de ello comienzan las rebeliones, la negación a la paralización gradual que va imponiéndose,
la búsqueda de razones que destruyan el círculo apático que se cierra lentamente a nuestro alrededor...
La unica actitud posible es contra nosotros mismos, objeto ahora de nuestra propia trampa,
víctimas miserables de nuestras propias visiones.

Es inútil, cuanto mayor ahínco por salir, tanto mayor es el dolor frustrado que nos provocamos con nuestros propios mordiscos.
La huída es imposible. La mayor evidencia es duda insuperable, el resquicio más absurdo un clavo ardiente,
fugaz y momentáneo como nosotros mismos, como nuestros pensamientos.

Momentos, cada vez menos, a quienes sólo les resta la espera, ese segundo anclado en el tiempo,
previo a la lucha, a la huída, al llanto o al grito de la muerte, tal vez a la verdad.
Ese segundo donde viven todos en silencio, solos frente a sí mismos,
cruzando pensamientos contrarios como flechas buscando la mortal rendición,
esperando, inmóviles siempre, en la oscura habitación del alma.

elfo gris dijo...

Nunca encontraré defensora más acérrima, ni más atinada sobre esto que venimos arrastrando, juntos o no, desde hace tiempo, si, recuerdo alguna de aquellas conversaciones a veces. Feliz por haber provocado, de alguna manera la intención que guía estos párrafos, y por que asomes.